Desolación
222 Si viene la muerte Si te ves herido no temas llamarme. No, llámame des- de donde te halles, aunque sea el lecho de la vergüen- za. Y yo iré, aun cuando estén erizados de espinos los llanos hasta tu puerta. No quiero que ninguno, ni Dios, te enjugue en las sienes el sudor ni te acomode la almohada bajo la cabeza. ¡No! Estoy guardando mi cuerpo para resguardar de la lluvia y las nieves tu huesa cuando ya duermas. Mi mano quedará sobre tus ojos para que no miren la noche tremenda.
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