Desolación

221 Tienen los pétalos en la base una gota de san- gre, porque la belleza me fue dolorosa, porque fue mi amor pura tribulación y mi misericordia nació tam- bién de una herida. Tú que supiste de mí cuando era un gran árbol y que llegas buscándome tan tarde, en la hora crepus- cular, tal vez pases sin reconocerme. Yo desde el polvo te miraré en silencio y sabré por tu rostro si eres capaz de saciarte con una simple flor, tan breve como una lágrima. Si te veo en los ojos la ambición, te dejaré pasar hacia las otras, que son ahora grandes árboles enrojecidos de fruto. Porque el que hoy puedo consentir junto a mí en el polvo, ha de ser tan humilde que se conforme con este breve resplandor, y ha de tener tan muerta la ambición que pueda quedar para la eternidad con la mejilla sobre mi tierra, olvidado del mundo, ¡con sus labios sobre mí! La sombra Sal por el campo al atardecer y déjame tus huellas sobre la hierba, que yo voy tras de ti. Sigue por el sendero acostumbrado, llega a las alamedas de oro, sigue por las alamedas de oro hasta la sierra amora- tada. Y camina entregándote a las cosas, palpando los troncos, para que me devuelvan, cuando yo pase, tu caricia. Mírate en las fuentes y guárdenme las fuentes un instante el reflejo de tu cara, hasta que yo pase. Porque a ti yo no podré verte más en la tierra de los hombres.

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