Desolación

220 Escóndeme Escóndeme, que el mundo no me adivine. Escóndeme como el tronco su resina, y que yo te perfume en la sombra, como la gota de goma, y que te suavice con ella, y los demás no sepan de dónde viene tu dulzura... Soy fea sin ti, como las cosas desarraigadas de su sitio: como las raíces abandonadas sobre el suelo. ¿Por qué no soy pequeña, como la almendra en el hueso cerrado? ¡Bébeme! Hazme una gota de tu sangre, y subiré a tu mejilla, y estaré en ella como la pinta vivísima en la hoja de la vid. Vuélveme tu suspiro, y subiré y bajaré de tu pecho, me enredaré en tu corazón, sal- dré al aire para volver a entrar. Y estaré en este juego toda la vida... La flor de cuatro pétalos Mi alma fue un tiempo un gran árbol en que se enro- jecía un millón de frutos. Entonces mirarme solamen- te daba plenitud; oír cantar bajo mis ramas cien aves era una tremenda embriaguez. Después fue un arbusto, un arbusto retorcido de sobrio ramaje, pero todavía capaz de manar goma perfumada. Ahora es solo una flor, una pequeña flor de cua- tro pétalos. Uno se llama la Belleza, y otro el Amor, y están próximos; otro se llama el Dolor y el último la Misericordia. Así, uno a uno, fueron abriéndose, y la flor no tendrá ninguno más.

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