Desolación

211 A los niños Después de muchos años, cuándo yo sea un monton- cito de polvo callado, jugad conmigo, con la tierra de mi corazón y de mis huesos. Si me recoge un albañil, me pondrá en un ladrillo, y quedaré clavada para siempre en un muro, y yo odio los nichos quietos. Si me hacen ladrillo de cárcel, enrojeceré de vergüenza oyendo sollozar a un hombre; y si soy ladrillo de una escuela, padeceré también de no poder cantar con vosotros en los amaneceres. Mejor quiero ser el polvo con que jugáis en los caminos del campo. Oprimidme: he sido vuestra; des- hacedme, porque os hice; pisadme, porque no os di toda la verdad y toda la belleza. O, simplemente, cantad y corred sobre mí, para besaros las plantas amadas... Decid, cuando me tengáis en las manos, un verso hermoso y crepitaré de placer entre vuestros dedos. Me empinaré para miraros, buscando entre vosotros los ojos, los cabellos de los que enseñé. Y cuando hagáis conmigo cualquier imagen, rom- pedla a cada instante, que a cada instante me rompie- ron los niños de ternura y de dolor. La enemiga Soñé que ya era la tierra, que era un metro de tierra oscura a la orilla de un camino. Cuando pasaban, al atardecer, los carros cargados de heno, el aroma que dejaban en el aire me estremecía al recordarme el campo en que nací; cuando después pasaban los

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=