Desolación
210 Volé en polvo fino de la sepultura y fui espesando sobre tu campo, todo para mirarte, ¡oh, hijo labrador! Soy tu surco. ¡Mírame y acuérdate de mis labios! ¿Por qué pasas rompiéndome? En este amanecer, cuando atravesaste el campo, la alondra que voló cantando subió del ímpetu desesperado de mi corazón. Tierra de amantes Alfarero, ¿sentiste el barro cantar entre tus dedos? Cuando le acabaste de verter el agua, gritó entre ellos. ¡Es su tierra y la tierra de mis huesos que por fin se juntaron! Con cada átomo de mi cuerpo lo he besado, con cada átomo lo he ceñido. ¡Mil nupcias para nuestros dos cuerpos! ¡Para mezclarnos bien nos deshicieron! ¡Como las abejas en el enjambre, es el ruido de nues- tro fermento de amor! Y ahora, si haces una Tanagra con nosotros, ponnos todo en la frente o todo en el seno. No nos vayas a separar distribuyéndonos en las sienes o en los brazos. Ponnos mejor en la curva sagrada de la cintura, donde jugaremos a perseguir- nos, sin encontrarnos fin. ¡Ah, alfarero! Tú que nos mueles distraído can- tando, no sabes que en la palma de tu mano se junta- ron, por fin, las tierras de dos amantes que jamás se reunieron sobre el mundo.
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