Desolación

209 Motivos del barro A Eduardo Barrios El polvo sagrado Tengo ojos, tengo mirada: los ojos, y las miradas de- rramadas en mí por los tuyos que quebró la muerte, y te miro con todas ellas. No soy ciego como me llamas. Y amo; tampoco soy muerto. Tengo los amores y las pasiones de tus gentes derramadas en mí como rescoldo tremendo; el anhelo de sus labios me hace gemir. El polvo de la madre ¿Por qué me buscabas mirando hacia la noche estre- llada? Aquí estoy, recógeme con tu mano. Guárdame, llévame. No quiero que me huellen los rebaños ni que corran los lagartos sobre mis rodillas. Recógeme en tu mano y llévame contigo. Yo te lleve así. ¿Por qué tú no me llevarías? Con una mano cortas las flores y ciñes a las muje- res, y con la otra oprimes contra tu pecho a tu madre. Recógeme y amasa conmigo una ancha copa, para las rosas de esta primavera. Ya he sido copa, pero copa de carne henchida, y guardé un ramo de rosas: te llevé a ti. Yo conozco la noble curva de una copa por- que fui el vientre de tu madre.

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