Desolación

204 Miraste la ardiente—rosa carmesí.—Estrechaste al mundo:—me estrechaste a mí. Duérmete, mi niño,—duérmete sonriendo,—que es Dios en la sombra—quien te va meciendo. Encantamiento Este niño es un encanto—parecido al fino viento:—si dormida lo amamanto,—que me bebe yo no siento. Es más dulce este al que río—que el contorno de la loma; —es más lindo el hijo mío—que este mundo a que se asoma. Es más rico este mi niño—que la tierra y que los cielos: —en mi pecho tiene armiño—y en mi canto terciopelos... Y es su cuerpo tan pequeño—cual el grano de mi trigo: —menos pesa que el ensueño;—no lo ven y está conmigo. La madre triste Duerme, duerme, dueño mío,—sin zozobra, sin te- mor,—aunque no se duerma mi alma,—aunque no descanse yo. Duerme, duerme y que en la noche—seas tú menos rumor—que la hoja de la hierba—que la seda del vellón. Duerma en ti la carne mía—mi zozobra, mi tem- blor.—En ti ciérrense mis ojos,—¡duerma en ti mi corazón!

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