Desolación

203 Meciendo El mar sus millares de olas—mece divino.—Oyendo a los mares amantes—mezo a mi niño. El viento errabundo en la noche—mece los tri- gos.—Oyendo a los vientos amantes mezo a mi niño. Dios Padre sus miles de mundos—mece sin ruido.— Sintiendo su mano en la sombra—mezo a mi niño. La noche Por que duermas, hijo mío,—el ocaso no arde más:—no hay más brillo que el rocío,—más blancura que mi faz. Por que duermas, hijo mío,—el camino enmude- ció;—nadie gime sino el río;—nadie existe sino yo. Va anegando niebla el llano.—Se cerró el suspiro azul.—Se ha posado como mano—sobre el mundo la quietud. Yo no solo fui meciendo—a mi niño en mi can- tar:—a la tierra iba adurmiendo—al vaivén de mi cunar… Me tuviste Duérmete, mi niño,—duérmete sonriendo,—que es la ronda de astros—quien te va meciendo. Gozaste la luz—y fuiste feliz.—Todo el bien tuviste —al tenerme a mí. Duérmete, mi niño,—duérmete sonriendo,—que es la tierra amante—quien te va meciendo.

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=