Desolación

200 Poemas de la madre más triste Arrojada Mi padre dijo que me echaría, gritó a mi madre que me arrojaría esta misma noche. La noche es tibia; a la claridad de las estrellas, yo podría caminar hasta la aldea más próxima; pero, ¿y si nace en estas horas? Mis sollozos le han llamado tal vez; tal vez quiera salir por ver mi cara con lágrimas. Y tiritaría bajo el aire crudo, aunque yo lo cubriera. ¿Para qué viniste? ¿Para qué viniste? Nadie te amará aunque eres her- moso, hijo mío. Aunque sonríes graciosamente, como los demás niños, como el menor de mis hermanitos, no te besaré sino yo, hijo mío. Y aunque tus manitas se agiten buscando juguetes, no tendrás para tus jue- gos sino mi seno y la hebra de mis lágrimas, hijo mío. ¿Para qué viniste, si el que te trajo te odió al sen- tirte en mi vientre? ¡Pero no! Para mí viniste; para mí que estaba sola, sola hasta cuando me oprimía él entre sus brazos, hijo mío.

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