Desolación
185 II Los pinos, los pinos sombrean la cuesta: ¿en qué pecho el que amo ahora se recuesta? Los corderos bajan a la fuente pía: ¿en qué labio bebe el que en mí bebía? El viento los anchos abetos enlaza: llorando como hijo por mi pecho pasa. Sentada a la puerta treinta años ya espero. ¡Cuánta nieve, cuánta cae a los senderos!
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