Desolación

182 El Ixtlazihuatl El Ixtlazihuatl mi mañana vierte; se alza mi casa bajo su mirada, que aquí a sus pies me reclinó la suerte y en su luz hablo como alucinada. Te doy mi amor, montaña mexicana; como una virgen tú eres deleitosa; sube de ti hecha gracia la mañana, pétalo a pétalo abre como rosa. El Ixtlazihuatl con su curva humana endulza el cielo, el paisaje afina. Toda dulzura de su dorso mana; el valle en ella tierno se reclina. Está tendida en la ebriedad del cielo con laxitud de ensueño y de reposo, tiene en un pico un ímpetu de anhelo hacia el azul supremo que es su esposo. Y los vapores que alza de sus lomas tejen su sueño que es maravilloso: cual la doncella y como la paloma su pecho es casto pero se halla ansioso. Ella a sus gentes dijo la armonía; la depurada curva hizo su alma; les ha vertido cada mediodía en la canción el óleo de su calma.

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