Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
181 II. pedagoga de la historia sensible que los maestros a menudo olviden que a sus estudiantes les interesa más comprender que repetir; que el verdadero conocer para ellos reside en el entender y no en la mecánica reproducción de la información. Pero, ¿puede llevarse a las aulas la historia de nuestro tiempo? Este es un viejo debate ya caduco, diría yo. Los hechos son más por- fiados que las intenciones, por buenas que sean estas últimas. Los muchachos viven la Historia de su tiempo, sufren su impacto y reac- cionan a su manera, con sus propios medios. No son los mejores por cierto, ni los que les habilitarán más valiosamente para el manejo ul- terior de su propia conducta. La información recogida al azar de las circunstancias, la mayor parte de las veces no se convierte en expe- riencia positiva, orientadora, o del mejor nivel moral. Aquí es donde desempeña su papel la educación sistemática, en cualquier etapa de la vida que ella ocurra. La guerra en Vietnam es el acontecimiento de estos días que trae más conmocionada a la opinión mundial 25 . Concepciones jurídicas, estratégicas, militares, se entremezclan, cho- can, hacen crisis junto con nociones históricas, sociológicas, mora- les. «Háblenos de la guerra de Vietnam, señorita», le pide un grupo de alumnos de Liceo a su joven profesora de Historia. «Me decidí a hacerlo, me contaba ella, a pesar de que temía ser luego censura- da por hacer política en clases». Así es como se mezclan prejuicios y pasiones para perturbar la percepción de la que debe ser una meta constante en todo proceso educativo: vincularse estrechamente con la vida y ayudar a comprenderla en toda su infinita variedad. Los asuntos contemporáneos componen una vasta área de temas contro- versiales, de «áreas cerradas» 26 , cotos vedados, por decirlo así, cuan- do intervienen en el proceso educativo falsas nociones acerca de sus finalidades reales. De más está decir que la información que no se da en el aula, con todos los recursos del saber científico, se recoge de todas maneras en las amplias y seductoras aulas callejeras. Ya no es ni científico, ni es información, está totalmente teñida de pasión y 25 El texto original de esta introducción fue escrito en 1966. 26 M. D. Hunt y L. E. Metcalf, Teaching High Social Studies. New York 1955.
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