Desolación
152 ¡Si Dios quisiera entregárteme por un instante tan solo! ¡Si de mirarme tan pobre me devolviera tu rostro! III En mi tierra, los caminos mi corazón ayudaran: tal vez te pintan las tardes o te guarda un cristal de aguas. Pero nada te conoce aquí, en esta tierra extraña: no te han cubierto las nieves ni te han visto las mañanas. Quiero, al resplandor del pino, tener y besar tu cara, y hallarla limpia de tierra, y con ternura, y con lágrimas. Araño en la ruin memoria; me desgarro y no te encuentro, ¡y nunca fui más mendiga que ahora sin tu recuerdo! No tengo un palmo de tierra, no tengo un árbol florido... Pero tener tu semblante era cual tenerte un hijo.
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