Desolación
150 Y como si pagara la deuda de una raza, taladran los dolores mi pecho cual colmena. Vivo una vida entera en cada hora que pasa; como el río hacia el mar, van amargas mis venas. Mis pobres muertos miran el sol y los ponientes, con un ansia tremenda, porque ya en mí se ciegan. Se me cansan los labios de las preces fervientes que antes que yo enmudezca por mi canción entregan. No sembré por mi troje, no enseñé para hacerme un brazo con amor para la hora postrera, cuando mi cuello roto no pueda sostenerme y mi mano tantee la sábana ligera. Apacenté los hijos ajenos, colmé el troje con los trigos divinos, y solo de Ti espero, ¡Padre Nuestro que estás en los cielos! Recoge mi cabeza mendiga si en esta noche muero.
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