Desolación
147 Poema del hi jo A Alfonsina Storni I ¡Un hijo, un hijo, un hijo! Yo quise un hijo tuyo y mío, allá en los días del éxtasis ardiente, en los que hasta mis huesos temblaron de tu arrullo y un ancho resplandor creció sobre mi frente. Decía: ¡un hijo!, como el árbol conmovido de primavera alarga sus yemas hacia el cielo. ¡Un hijo con los ojos de Cristo engrandecidos, la frente de estupor y los labios de anhelo! Sus brazos en guirnalda a mi cuello trenzados; el río de mi vida bajando hacia él, fecundo, y mis entrañas como perfume derramado ungiendo con su marcha las colinas del mundo. Al cruzar una madre grávida, la miramos con los labios convulsos y los ojos de ruego, cuando en las multitudes con nuestro amor pasamos. ¡Y un niño de ojos dulces nos dejó como ciegos! En las noches, insomne de dicha y de visiones, la lujuria de fuego no descendió a mi lecho. Para el que nacería vestido de canciones yo extendía mi brazo, yo ahuecaba mi pecho...
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