Desolación
135 de tu inerte mano torpe ya para buscar mi mano; ¡de tus ojos dilatados del inquirir soberano! La noche ensanchó su charco de betún; el agorero búho con la horrible seda de su ala rasgó el sendero. No te volveré a llamar, que ya no haces tu jornada; mi desnuda planta sigue, la tuya está sosegada. Vano es que acuda a la cita por los caminos desiertos. ¡No ha de cuajar tu fantasma entre mis brazos abiertos!
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