Desolación

134 La espera inútil Yo me olvidé que se hizo ceniza tu pie ligero, y, como en los buenos tiempos, salí a encontrarte al sendero. Pasé valle, llano y río y el cantar se me hizo triste. La tarde volcó su vaso de luz, ¡y tú no viniste! El sol fue desmenuzando su ardida y muerta amapola; flecos de niebla temblaron sobre el campo. ¡Estaba sola! Al viento otoñal, de un árbol crujieron los secos brazos. Tuve miedo y te llamé: «¡Amado, apresura el paso! Tengo miedo y tengo amor, ¡amado, el paso apresura!». Iba espesando la noche y creciendo mi locura. Me olvidé de que te hicieron sordo para mi clamor; me olvidé de tu silencio y de tu cárdeno albor;

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