Olga Poblete. Educadora, historiadora, feminista, militante de la paz
136 olga poblete ridad que alguien con tan buenas dotes se fuera a vegetar a provin- cia» (Mansilla, 2010, p. 104). Acto seguido, fue enviada a hablar con Luis Puga –jefe del Departamento de Historia en la Universidad de Chile– y la contrataron como ayudante de la cátedra de Geología 11 , cuyo profesor titular era Juan Brieger. La necesidad de estar «patrocinada» por una figura de autoridad masculina tendía a ser una condición necesaria para que mujeres intelectuales pudieran comenzar a posicionarse en la academia, la cultura o la política 12 , especialmente cuando no existía un «capital» social previo asociado a ella 13 . Esto puede identificarse en el caso de Olga Poblete. Por ejemplo, buena parte de sus publicaciones está ria; todo en el contexto de la Guerra Fría. Fue Premio Nacional de Historia en 1974. Para mayor detalle se puede ver en Guerrero Yoacham (2005, 9-29). 11 Es posible pensar un cierto vínculo entre estas labores y su entusiasmo por el andinis- mo y el esquí, llegando incluso a ser parte de la fundación del Club Andino de Chile (Espinosa, 2023). Esta relación se manifiesta en el siguiente pasaje de un artículo anónimo de la revista Clío : «El conocimiento del paisaje de nuestra Patria expande nuestra perspectiva, nos da una visión completa y optimista del problema chileno. Nos hace sentir claramente los diversos aspectos teóricos y prácticos de las especialidades geográficas que, como la Geología y la Climatología son muchas veces letra muerta en los ordenados anales bibliotecarios o en los textos ineficazmente memorizados. Muy diferente será la vida de los que se inician dentro de la ciencia de la Tierra frente al paisaje de la cordillera, con su caudal de enseñanzas tan profundamente útiles, o frente a nuestros campos misteriosos, empapados aún de mitos prehistóricos, de vida psicológica necesaria a la más amplia comprensión. Y pensar que todo esto, que puede hacer feliz a la vida de tantos, haya sido dejado de lado, en un terrible a priori , por el ciudadano humanista, grave, por el gran ambicioso de las pequeñas cosas de la política o por aquel que, joven aún, permanece pegado, con incomprensible saña, a la compe- tencia cotidiana del aula fría» ( Clío , 1942, p. 114). 12 La necesidad de no parecer amenazadora dificultaba una estrategia de posicionamien- to típicamente masculina como sería la de «matar al padre» para irrumpir de modo crítico y desafiante con las posiciones dominantes del momento (Bourdieu, 1997, p. 65). En ese sentido, la venia de quienes tenían posiciones más dominantes se hace una cuestión necesaria en favor de una estrategia de autorización, lo que implicó para va- rias mujeres escritoras la necesidad de aceptar relaciones de tutelaje (maestro–alumna, descubridor–descubierta) con figuras consolidadas del orbe. Algunos casos estudiados recientemente son los de Marta Brunet, Teresa de la Parra o Carmela Eulate. 13 Este es el caso de Poblete, quien venía de una familia pobre, con una madre adoles- cente y soltera, oriunda de Tacna, de la época en que todavía era chilena. De hecho, cuando niña, en el norte, la habrían apodado «la chola», tanto por su piel morena como porque había nacido el 21 de mayo, precisamente el día en que se celebra a la figura de Arturo Prat, quien se inmoló en la Guerra del Salitre. Es posible pensar que la importancia de la lucha contra el racismo que ella desarrolló pueda tener algún indicio en estas vivencias.
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