Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile

la adolescencia (amores, amistades, celebraciones, rebeldía, rechazos y desengaños). El quiebre llega con una muerte que transforma el estado de los personajes y sus vínculos. El punto de vista de la película, soste- nido por Celeste, la inscribe en el grupo de filmes contemporáneos que leen las transformaciones sociales, políti- cas e históricas desde una sensibilidad juvenil, desplazando el privilegio in- terpretativo del mundo adulto. En el cine chileno reciente, esta operación encuentra resonancias en trabajos como Tarde para morir joven (2018), de Dominga Sotomayor, y Rara (2016), de Pepa San Martín; y en un horizon- te más amplio dialoga con Alcarràs (2022), de Carla Simón (referencia para una buena parte de la actual genera- ción de directoras chilenas). Me parece también interesante destacar el papel de la madre, en cuanto mujer progre- sista, profesional y mamá que debe enfrentar un duelo al mismo tiempo que acompaña a su hija en el tránsito por la adolescencia. Tenemos, enton- ces, dos personajes femeninos que, si bien orbitan alrededor de la figura del padre-esposo, configuran mundos propios complejos. Ambas viven una inestabilidad que la película no bus- ca referenciar ni contrastar con una moral o con un modelo fijo de adultez o maternidad. Las actuaciones llevan muy bien el ritmo, lamirada y los desa- fíos que propone la película, tanto la de la joven Helen Mrugalski —ganadora del premio a Mejor Actriz en el Festival Internacional del Nuevo Cine Latinoa- mericano de La Habana— como las de Daniela Ramírez y Néstor Cantillana, ambos con una larga trayectoria en cine y televisión. El trabajo de los padres es una clave de lectura que atraviesa el filme: la ar- queología aparece como un ejercicio material en el momento en que el país comienza a exhumar la atrocidad de la dictadura. Pero también me atrevo a considerar la práctica arqueológica en el desierto como una búsqueda de lo pequeño que permanece en la inmen- sidad. De ahí emerge una constelación de imágenes que tiñe de una metafí- sica singular la relación entre estética y política. Es decir, la recursividad del territorio se presenta como una in- mensidad que nos trasciende. Es por ello que, a diferencia de No (2012), de Pablo Larraín—con la que comparte el período histórico del relato y el direc- tor de fotografía, Sergio Armstrong—, Cuerpo Celeste no deposita su interés en la transición como un gran relato histórico-político, sino en aquello que permanece cuando el relato transicio- nal proclama una ruptura: los afectos, los restos y los cuerpos. En el filme de Ilic, esos cuerpos rastrean, encuentran, corren y desbordan los marcos que buscan contenerlos. Frente a un dispositivo de desapa- rición cuidadosamente administrado por la dictadura, la película esboza una forma de sostener la vida, aun- que sea difícil e inestable. Una vida siempre en movimiento, que obliga a volver a correr y alejarse de lo que se pretende imponer como horizonte, como si la libertad no fuera un estado alcanzado de una vez y para siempre, sino una promesa inmensa que co- mienza una y otra vez. Cuerpo Celeste (2025) Chile, Italia. 96 minutos Dirección y guion: Nayra Illic Elenco: Helen Mrugalski, Daniela Ramírez, Néstor Cantillana, Mariana Loyola Productoras: Planta, Horamagica Producciones, Dispàrte, Oro Films 59

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