Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile

y, en el ítem de moral en general, como a unmonstruo. Agravante número uno se consideró que entre toda la cartelera disponible eligiera una comedia”. Sibienacánoseasesinaanadie, como en la famosa novela existencialista, sí queaparecentodotipodepelículas,can- ciones y el sostenidomotivode la blusa, reiterado hasta el punto de hacerse ex- traño y también divertido: “Aumento criminógeno de nuestra aversión hacia las blusas estampadas con flores. Aver- sión en grado Amityville que comienza a extenderse hacia las poleras de hilo a rayas blancas y azules”. Las blusas hacen despuntar ade- más el imaginario de una clase social, que en este libro desfila por distintas oficinas santiaguinas o por el Hospi- tal de Talca y que hacen del texto una inesperada arma de crítica cultural y del “georresentimiento” del que se hace graciosa mención, mostrando, como lo ha hecho Verdugo en otros textos, nuestro porfiado centralismo y nuestro radical clasismo: “Los repe- lentes enfermeros del piso X y el trato de cerrucos pobres que nos dieron. Nunca esa escena de tevecable donde el doctor les explica todo tranquilo a los parientes caucásicos, examen en mano, máquina ultramoderna a la vis- ta, qué tantas esperanzas quedan”. El lenguaje es, sin duda, la barricada fundamental: se habla de oncopoesía , de omniduelo , de infantiles juegos de pa- labras, de traducciones. Sobre todo en la segunda parte del libro aparecen los recuerdos y las libretas de ella. Son va- rios los textos que el narrador toma de estas anotacionesmaternas que, al mis- mo tiempo, van perfilando a la madre en su responsabilidad como maestra, sus preocupaciones por otras personas, sus gustos, sus aficiones. Los aciertos se multiplican, como cuando el hijo escri- be sobre las agendas, como si se tratara de una ocurrencia más: “No haberte re- galado veinte por parte baja y no dos. En unaantología sobreautobiografíasydia- rios íntimos: ‘Laagendaes lapromesade que, almenos, viviremos otroañomás’”. ¿Se puede volver a la normalidad cuando falta alguien tan fundamental? Verdugovadandoformaaesta inquietud con pinceladas muy finas. La aparente falta de emotividad se va sintiendo emo- cionante, conanotacionesdeunaternura y verdad desbordantes por su sencillez y precisión: “No todas las personas que ad- miraste de joven estánmuertas. No todo lo que se estaba terminando en tus agen- dasha terminadodemorir”. “Todas las personas son mortales: pero para todas las personas la muerte es un accidente y, aunque la conozcan y la acepten, es una violencia indebida”, escribióSimonedeBeauvoir. Acercade esa y otras violencias es que se atreve a hablar este libro, procurando evitar la vulgaridad del arquetipo o el lugar co- mún, y también tratando de entender lo inaceptable. Lo que pone en juego Verdugo es la posibilidad de escribir sin rendirse a la idea de la literatura como representación, para producir a través de la escritura algo parecido a un cortocircuito. Aquí, pareciera decir Verdugo, hay madres y hay hijos, pero también hay fugas, citas, carruseles de fragmentos que enmarañan lo re- presentacional y expanden lo político y estético por caminos inesperados. Blusa Mario Verdugo Overol, 2026 112 páginas 55

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