Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile

más inofensivo, pero cargado de de- seo. Mi favorito desde la adolescencia: viene Portishead a Chile y tocará en la Blondie. Si bien era un rumor menor —que convivía con uno mucho más épico: Pink Floyd tocará en el Valle de la Luna—, escuchar “Glory Box” en vivo y cargarse de la atmósfera sombría de la bandaerael escenarioperfectoparauna pequeña escena underground aislada de unasociedada laquesolo le interesaban el consumo y las apariencias, que nada sabía del dolor existencial. Es el tipode rumor que se acercamás a la fantasía que a lamentira. Tiene que ver con la imaginación, con la emoción y, en especial en el Chile de los noventa y dos mil, con el hastío que provocaba ser unpaís tanalejadode los epicentros culturales del mundo. Entre el miedo, la manipulación y el deseo parece quedar todavía un es- pacio sin describir. Hoy, los medios de comunicación y los acelerados cambios tecnológicos nos paralizan. Nos debatimos sin nin- guna certeza entre creer algo o dudar de todo. Hay cosas en las que quiero creer, que calzan perfecto con lo que pienso y defiendo, pero esa convicción no las vuelve necesariamente reales. La propagación masiva casi instantá- nea de información puede bastar, por ejemplo, para decidir una elección. Las mentiras de antaño ahora son fake news , y laúnicadiferencia, al parecer, es que las últimas incluyen una noción de noticia de último minuto, de informa- ción de urgencia que no puede esperar. La situación despierta emociones encontradas, como todo fenómeno tecnológico. Sorpresa, incomodidad, desolación. Porque a veces este tipo de rumor de la era de las redes socia- les es capaz de arrasar con situaciones y sujetos con nombre y apellido por igual. Estigmatiza, hiere, desprecia, ofende, desarma. Al final, todo se trata de un asunto recurrente: la com- pasión hacia otro. Por esto mismo es que quiero pen- sar aquí en una deriva diferente. II. Entender el rumor | Varios au- tores se han dedicado a estudiar el fenómeno del rumor. Desde diferentes disciplinas, entender cómo funciona y qué efectos tiene es un desafío cuya recurrencia nos advierte sobre la im- portancia del tema. Por ejemplo, los psicólogos Gordon W. Allport y Leo Postman, en su clásico estudio La psi- cología del rumor (1947), alertaron que un rumor nunca se mantiene intacto. Cada persona de la cadena agregará algo relacionado con su propia subjeti- vidad ymodificará el mensaje. De esto se trata el juego del teléfono. En un círculo formado por los par- ticipantes, uno de ellos traspasa una información determinada al oído de la persona de la derecha. Puede ser una palabra o una frase. Quien sigue debe hacer lo mismo, y así hasta que el mensaje llegue de vuelta al emisor original. La distancia entre uno y otro es, por lo general, sorprendente. Y da mucha risa. En este punto, intuimos que el asunto del rumor encierra una estructura compleja, móvil, flexible; directamente ligada a quien participa de él, a su subjetividad, a sus sentidos y a su contexto espacial y temporal. El sociólogo Tamotsu Shibutani de- sarrolla una mirada que va aún más lejos. En Noticias improvisadas: un estu- dio sociológico del rumor (1966), observa que no es el producto de una irracio- nalidad masiva movida por el miedo o la ingenuidad, como podría ser el im- pulso de comprar papel higiénico. Más bien es la elaboración de una respuesta en situaciones de estrés. Es la manera en que las personas buscan entender el mundo cuando no haymás anteceden- tes para hacerlo, cuando la cartografía de referentes culturales, como diría Suely Rolnik, deja de servirnos. Cuando nos encontramos a la deriva, sin refe- rencias. Se inventa, de esa forma, una inteligencia diferente, una producción del lenguaje que ostenta reglas propias. El secreto (1873), de Franklin G. Weller. Copia a la albúmina sobre papel de plata. The J. Paul Getty Museum, Los Ángeles. 43

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