Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile
debe ser entendida como un proceso social. Basándose en la epistemología de Ludwik Fleck y en el trabajo de filóso- fas feministas comoHelen Longino, Oreskes sostiene que el conocimiento científico se vuelve confiable a través de un proceso de escrutinio crítico entre pares —lo que Longino llama “interrogación transformativa”—, que funciona me- jor cuantomás diversa es la comunidad que participa en él. ¿Crees que una defensa simplificada de la ciencia, aunque tenga buenas intenciones, puede contribuir a la desconfianza que intenta combatir? —A veces los esfuerzos de los científicos son inefica- ces, pero no diría que eso contribuya a la desconfianza. Lo principal que han hecho y ha resultado ineficaz es su adhesión a lo que se conoce como el “modelo del déficit”, es decir, creen que la razón por la que la gente está con- fundida sobre el cambio climático o las vacunas es porque carece de buena información o de alfabetización científi- ca suficiente para comprenderla. En otras palabras, si se usa un lenguaje más sencillo, mejores gráficos y tablas más claras, se resolverá el déficit. Pero eso es un diagnós- tico erróneo del problema. Hay algunos casos en los que la gente de verdad carece de acceso a buena información. Pero si nos fijamos, por ejemplo, en las personas que re- chazan el cambio climático en Estados Unidos, muchas de ellas tienen un alto nivel educativo. Tienen acceso a la información, pero buscan de manera selectiva la que res- palda sus perspectivas políticas. ¿Cuál es el principal argumento intelectual para jus- tificar la confianza en las conclusiones científicas? —El argumento histórico es el historial de éxitos de la ciencia. La ciencia es una de las instituciones más anti- guas. Se podría decir que se remonta a la antigua Grecia, aunque, tal como la entendemos, se remonta al Renaci- miento. Eso significa que contamos con 500 años de datos; medio milenio de experiencia. Y lo que hemos visto es que lo que llamamos ciencia ha sido sumamente efectivo para profundizar la comprensión humana, tanto del mundo natural como del social. Ese conocimiento ha enriquecido nuestras vidas. El otro argumento es epistemológico. La ciencia cuenta con mecanismos para identificar, detectar y corregir errores. ¿Cuál es el propósito de todas las prácticas que llevan a cabo los científicos, como asistir a conferen- cias, difundir preimpresiones, someter su trabajo a revisión de pares? Recibir críticas constructivas, obtener retroali- mentación. La historia demuestra que ese procesomarca la diferencia. Cuantomás envejezco, más convencida estoy de la importancia de las ciencias para la sociedad, no porque nos dé antibióticos, sino porque nos ofrecen un modelo para admitir cuándo nos equivocamos. El ataque a la ciencia implica lapérdidadeuna instan- cia de validación neutral y de unmarco de comprensión común. ¿Cuáles son las consecuencias? —Son muy graves, y este es uno de los aspectos más negativos de lo que la administración de Trump le está ha- ciendo a la ciencia en Estados Unidos. Durante la mayor parte de mi vida, cuando la gente me preguntaba: “¿Dónde puedo obtener información precisa y objetiva?”, una de las respuestas que solía dar era: “En las agencias del gobierno federal”. Estas agencias existen para ayudar a la gente a tener informacióncientífica, aentenderlayutilizarla.Orga- nismos como el Servicio Geológico de los Estados Unidos, los Centros para el Control y la Prevención de Enfermeda- des o la NASA eran fuentes importantes de información objetiva y de alta calidad. La administración actual las está destruyendo y está tratando de politizar y cooptar para sus propios fines tanto estos organismos como la investigación en las universidades. Es el tipo de cosas que sucedieron en la Rusia soviética y en laAlemania nazi. Cuando eso ocurre, la gente no sabe a quién acudir. ¿Qué mecanismos psicológicos están detrás de las posturas anticientíficas? —Tengo reparos en enfocarme en los factores psicológi- cos, porque eso exime de culpa a los responsables. Creo que la industria de los combustibles fósiles tiene una enorme responsabilidad moral, ética y legal en esto. Hay incen- dios horribles arrasando en Francia y España. Este año se han batido récords de olas de calor en Europa. En China, casi dos millones de personas quedaron desplazadas por inundaciones extremas. No es una coincidencia que estas cosas estén pasando. Es el rostro humano del cambio cli- mático. Todo lo que la ciencia ha predicho se está haciendo realidad. Por eso prefiero centrarme en los que considero responsables: quienes han erosionado la evidencia cien- tífica y han socavado la comprensión del público y la base para la acción política. No vamos a cambiar la psicología humana, pero podemos recurrir a la política, la cultura y la ley para exigir responsabilidades a los principales responsa- bles del daño que se está causando. “Cuanto más envejezco, más convencida estoy de la importancia de las ciencias, porque nos ofrecen un modelo para admitir cuándo nos equivocamos”. 23
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