Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile
¿Cómo ha evolucionado esa estrategia en la era de las redes sociales? —Nuestro trabajo prueba que este problema no fue in- ventado por las redes sociales. De hecho, en El gran mito mostramos ejemplos que se remontan a la década de 1920 y a los debates sobre la electricidad en Estados Unidos. La desinformación tiene una larga historia: parte de ella tiene sus raíces en la propaganda de tiempos de guerra. Lo que han hecho las redes sociales es amplificarla y difundirla de forma más barata y rápida. En el pasado, la industria del tabaco tenía que trabajar con un centro de estudios para elaborar un informe. Luego tenía que enviar comunicados de prensa a los medios. Incluso podía pedir una reunión con el editor de un diario para presentar su versión de los hechos. Todo eso llevaba tiempo. Ahora puedes publicar desinformación en un chat y llegar a millones de personas enmedia hora. Esa rapidez es bastante aterradora. *** En 2022, Naomi Oreskes participó demanera virtual en el Festival Puerto de Ideas. Allí contó que, tras la publicación de Mercaderes de la duda, recibió invitaciones en distintas partes del mundo para hablar sobre cómo los científicos llegaron a la conclusión de que la acción humana era la principal causa del calentamiento global. En esas conferen- cias, siempre alguien del público le preguntaba lo mismo: ¿por qué debemos confiar en la ciencia? Para Oreskes, ya no bastaba con apelar a la autoridad de los expertos. El ne- gacionismo por parte de figuras políticas y el rechazo a la evidencia científica durante la pandemia mostraron que la confianza en la ciencia no era solo un asunto académico, sino una cuestión de vida o muerte. Así nació ¿Por qué confiar en la ciencia? (2019), un libro que cuestiona la respuesta más habitual a esa pregunta — aquella que atribuye la validez del conocimiento al llamado método científico—para proponer una explicación distinta: la confianza no debería depositarse en un método particu- lar ni en la autoridad individual de los científicos, sino en el carácter colectivo de su producción. Es decir, la ciencia Bañistas en el suroeste de Francia, mientras columnas de humo se elevan por el incendio forestal que afectó en julio al departamento de Gironda y que ha arrasado con más de 3.400 hectáreas. Crédito: Maximilien Lamy / AFP 22
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