Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile
—Hay una crítica del pensamiento contemporáneo a la idea de una única forma de racionalidad científica que me parece pertinente, aunque también puede tener con- secuencias peligrosas según cómo se utilice. Esa crítica ha abierto varias preguntas: no solo sobre qué evidencias científicas tenemos, sino quién las elabora, qué implícitos tienen, quién formula las preguntas, a quién benefician. Eso cambia el sentido de lo que entendemos por verdad científica, que ya no sería tanto un resultado incuestiona- ble sustentado enmarcos únicos y legítimos de producción de conocimiento, sino todo lo que se produce a partir de prácticas abiertas a la participación de distintos agentes y perspectivas. El problema es que esta deriva crítica está siendo utilizada también para fragmentar el conocimien- to y convertir en arbitraria cualquier afirmación sobre el mundo. ¿Qué hacer, entonces? Algunos defienden un re- greso a concepciones rígidas y únicas de la ciencia y sus instituciones. Otros plantean fortalecer los mecanismos de acceso a la producción y a la creación de conocimiento: cuanto más compartida, mejor, y por lo tanto menos vul- nerable al uso deliberado del falseamiento. En Nueva ilustración radical reivindicas el “no-sa- ber” socrático “como puerta hacia un saber más verdadero, porque ha pasado por el abismo del cues- tionamiento crítico radical”. ¿Cómo podemos hoy trazar la frontera entre esa insumisión al saber es- tablecido y el relativismo que pone al mismo nivel opiniones y evidencias científicas? —Entrando en estos combates. Es decir, no podemos luchar solo desde la epistemología, la ciencia, la acade- mia y la universidad. Todos estos frentes son necesarios, pero necesitamos entender que el negacionismo es una posición ideológica que tiene fuerzas económico-políticas detrás. Si no lo entendemos así estaremos discutiendo en vano, haciendo un debate académico para académicos. La pregunta es cómo combatir la desproporción de fuerzas económicas, mediáticas y políticas que existe en estos de- bates. Yo apostaría sobre todo por el sistema educativo. No es casualidad que esté como está en tantas partes del mun- do: desfinanciado, fragilizado, segregado, con diferencias cada vez mayores en el acceso a instituciones y servicios de calidad. Hay que pensar ambas cosas juntas, por desgracia, porque ocurren a la vez. En ese libro hablas de “analfabetismo ilustrado” para señalar que sabemos mucho, pero podemos hacer muy poco. ¿Cómo se explica esa paradoja? —Lo que define a la impotencia contemporánea no es una falta de acción, es decir, hacemos y sabemos muchas cosas; no es la impotencia asociada en otras épocas a la pa- rálisis, a los análisis decimonónicos o incluso del siglo XX sobre el tedio, el aburrimiento o la inactividad como con- dena para determinados grupos sociales. Hoy todos somos sujetos hiperactivos. No paramos de consumir, trabajar, financiar nuestras vidas, hacer proyectos. Hay gente que hace muchas cosas, de todo tipo; hay escritura de todo, y hay saberes para llenar diez mil vidas que no vamos a vivir. El problema es que toda esta hiperactivación no se traduce en una acción transformadora. Esmuy difícil entender cuál es la relación entre el pensamiento y la acción. ¿Podemos encontrar aún un horizonte de transfor- mación social y política en la educación? —En la educación, el compromiso y la transformación suceden cada día. Eso es innegable, y es algo a lo que no podemos renunciar. Hay muchas vidas que dependen de poder entrar en una escuela, acceder a determinados ser- vicios, ser mirados a los ojos con respeto, estar sentados entre iguales. Lo difícil es pensar en ir más allá. La idea de una pedagogía revolucionaria, crítica, emancipadora, proyectada hacia un futuro mejor es otra de las dimen- siones de nuestra realidad que se ve muy atacada por el asalto neoliberal autoritario. Ahí es donde no hay que dar nunca nada por perdido y, mientras se resiste el día a día, hay que pensar, ensayar y buscar maneras de que este ho- rizonte de futuro no se viva solo como una amenaza, sino como un recorrido a transitar. 15
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