Palabra Pública N°38 agosto - septiembre 2026 - Universidad de Chile
La autora lleva años reflexionando sobre estos asuntos. En Escuela de aprendices (Galaxia Gutenberg, 2020) in- vitaba a preguntarse qué significa hoy aprender a leer, “es decir, a interpretar con sentido las claves de nuestro presente para poder intervenir en él”. Esa búsqueda atra- viesa toda su obra, compuesta por una decena de títulos en los que pensamiento y acción son indivisibles. La fi- losofía, en su caso, ha sido una forma de implicarse con el mundo, de convertir los asuntos propios en problemas comunes. “En tiempos como los nuestros, dominados por los procedimientos, los aplicativos y las metodolo- gías, se hace difícil explicar esta especial manera que tiene la filosofía de transformar la vida”, escribe en Filoso- fía inacabada (Galaxia Gutenberg, 2015), donde sostiene que esta disciplina, pese al elitismo que históricamente la ha caracterizado, parte de una vocación igualitaria: la convicción de que a todos nos es dado por igual el deseo de acceder a la verdad. Esa búsqueda, sin embargo, ocurre hoy en condiciones radicalmente distintas. La proliferación de información falsa, la deslegitimación deliberada de los hechos por parte de figuras políticas y el predominio de los sesgos personales por sobre la eviden- cia han alterado nuestra relación con lo que creemos saber. Es lo que distintos autores han des- crito como crisis de la verdad, un fenómeno que, en palabras de Garcés, no puede reducirse a distinguir entre enunciados verdaderos y falsos, sino que remite a algo más profundo: la existencia de un mundo com- partido desde el cual sea posible construir criterios comunes de comprensión. —El principal elemento de lo que llamamos crisis de la verdad es la crisis de la confianza, y la confianza está re- lacionada con el hecho de formar parte de algún tipo de mundo común. Sin una dimensión común de nuestras experiencias, ya sea como individuos, colectivos o socie- dades, entra en crisis la posibilidad de confiar. No solo la confianza vinculada a la seguridad o la integridad de cada cual, sino la que permite sostener una historia, un rumor, una percepción, un chismorreo, cualquier cosa que tenga que ver con por qué confiamos en lo que otro nos cuenta. Esto opera en todos los niveles, incluida la información periodística y la ciencia. Podríamos escalarlo, de hecho, a todos los ámbitos del decir y del saber. Según el filósofo Richard Rorty, nuestra cultura tiende a identificar la búsqueda de la verdad objeti- va con el uso de la razón y a considerar a las ciencias naturales como el paradigma de la racionalidad. La filosofía debe, en ese escenario, probar que es lo sufi- cientemente “científica”. ¿Qué tipo de relación sigue proponiendo hoy esta disciplina con la verdad? E n 2017, Marina Garcés (Barcelona, 1973) escri- bió un diagnóstico crudo de estos tiempos. En el ensayo Nueva ilustración radical (Anagrama), la autora advertía que nuestra época era radical- mente antiilustrada: el avance de nuevos autoritarismos, la regresión hacia lo premoderno y los ataques a la edu- cación, el conocimiento y la ciencia configuraban un régimen social, político y cultural basado en la credulidad voluntaria. “Nuestra impotencia actual tiene un nombre: analfabetismo ilustrado. Lo sabemos todo, pero no pode- mos nada”, escribía en el libro, que la consolidó como una de las intelectuales más influyentes del pensamiento con- temporáneo en España. Nunca antes la sociedad había acumulado tanto co- nocimiento, sostenía, y, sin embargo, esa abundancia no parecía traducirse en una mayor capacidad para trans- formar el mundo. Frente a esa paradoja, Garcés proponía recuperar el proyecto emancipador de la Ilustración a través de la crítica, una herramienta que originalmente se refería a la labor de interpretación de textos antiguos y que, a partir del siglo XVIII, se generalizó como la vir- tud más importante para un sujeto libre. Allí identificaba distintas formas de neutra- lización del ejercicio crítico, entre ellas, la saturación de la atención, la estandarización de los lenguajes y la hege- monía del solucionismo, la creencia de que todo proble- ma complejo puede resolverse mediante la tecnología. Casi una década después, ese diagnóstico parece cobrar una nueva dimensión. La actitud crítica, que la filósofa defi- nía como “la libertad de someter cualquier saber y cualquier creencia a examen”, no solo encuentra cada vez más obstá- culos para ejercerse; también se debilita en una sociedad expuesta a un flujo incesante de información fragmentaria. Algunos críticos culturales handescrito este escenario como una era posléxica o posalfabetizada, es decir, un tiempo marcado por la pérdida del hábito de lectura y la creciente dificultad para reflexionar en profundidad sobre los textos. —La alfabetización no es solo acceder a la traducción mecánica del alfabeto escrito, sino poder participar de una cultura común a través del tiempo. Esto no es una técnica, es una manera de entender, de vivir y participar de una cultura amplia —explica Garcés desde Barcelona, donde dirige el máster de Filosofía para los retos contemporáneos de la Universitat Oberta de Catalunya—. Me preocupa el ataque deliberado y concreto hacia el aprendizaje de las capacidades lectoras y, por tanto, expresivas de los jóvenes. Llevamos muchos años desacreditando el libro, incluso desde posiciones innovadoras, como si fuera un lugar de enunciación jerárquico, estático, hegemónico, en vez de abrirlo a maneras más diversas de entender qué significa interpretar, leer y escribir. “Necesitamos entender que el negacionismo es una posición ideológica que tiene fuerzas económico-políticas detrás. Si no lo entendemos así estaremos discutiendo en vano”. 14
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