Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
máquina que tome el control del mundo y lo gobierne por su cuenta. Quién sabe realmente qué pasará en quinientos años. Quizás los humanos ya no tendrán electricidad o ni siquiera existirán”. Hay una especie de renacer del futurismo con la búsqueda de la iag. Quienes la están desarrollando glo- rifican su avance tecnológico y su velocidad, a pesar de las críticas. —Sí, y no son tan distintos de los primeros futuristas. El futurismo surgió en el contexto de la Primera Guerra Mun- dial y fue un fenómeno diverso, pero tambiénmuy violento, que se alineó con las máquinas y la guerra. Filippo Marinet- ti, el líder del movimiento futurista italiano, fue un soldado que apoyó la invasión de Libia en 1911. Así que esta glorifi- cación de tecnología, violencia y dominación no es nueva, y muchos capitalistas de riesgo de SiliconValley se han vuelto verdaderos fans de este tipo de futurismo. En ese sentido, ha sido así desde principios del sigloxx. Entretanto, en los años sesenta y setenta hubo visiones más optimistas del futuro, había una idea de la humanidad comoun todo, y se creía que todos podrían beneficiarse de la tecnología y del progreso científico. Pero esa visiónha sido ampliamente abandonada. Los beneficios del futuro ahora están reservados para quie- nes pueden pagarlos. Se suele decir que incluso quienes diseñan y desa- rrollan estas tecnologías no terminan de entender sus modos de funcionamiento. Ese elemento de misterio quizásalimentaelmisticismoquehayalrededorde la ia. —Sí y no. Hay definitivamente unmisticismo aumentado por el hecho de que a las corporaciones no les gusta decir cómo funcionan estos sistemas. No son máquinas lógicas: desde el output no se puede reconstruir el input en pasos ló- gicos. Son máquinas estadísticas, lo que implica un rango de posibles resultados y hace imposible volver por el mismo camino. Pero sí, se puede entender más o menos cómo fun- cionan. El misticismo es un bombo publicitario, una historia que les es muy útil a las compañías. A esto se suma también el hecho de que se desarrollan muy rápido. Hace diez años no podíamos prever su tremendo impacto actual. Así que tiene sentido que la mayoría de las personas estén descon- certadas. Peromucho de eso es solo hype ; la ia es en realidad unamáquina hecha para capturar ymantener la atención. ¿Por qué el arte tiene un rol tan central en las discu- siones en torno a la ia? —Es porque si usas el arte como un pretexto, entonces tienes una máquina creativa, no solo una calculadora ex- traña. En los inicios de la generación de imágenes, hacia 2014, [el generador de imágenes de Google] Deep Dream creaba alucinaciones de perritos extraños saliendo de espa- guetis. Esos accidentes derivaron en la primera generación de generadores de imágenes, como dall·e. En ese punto, las corporaciones se dieron cuenta de que eran grandes iniciadoras de conversación y que podían atraer a mucha gente con estas discusiones sin fin: que si la inteligencia artificial es inteligente o creativa, que si puede crear arte; todo ese tipo de cosas pensadas para mantener la atención. Si dijeran la verdad —que te quieren vender un montón de máquinas estadísticas que no necesitas—, nadie lo en- contraría interesante. Pero, como daño colateral, estos sistemas se volvieron muy eficientes en generar todo tipo de imágenes, lo que ya está teniendo consecuencias para muchas profesiones creativas que se están automatizando, como las de ilustradores, fotógrafos, encargados de marke- ting, codificadores; incluida lamía de cineasta. No creo que pueda continuar haciendo películas porque simplemente no es viable. Hay distintas maneras de hacer arte con ia. En el libro mencionas artistas cuya visibilidad se usa para promocionar proyectos de empresas tecnológicas, frente a otros que cuestionan sus implicancias políti- cas y ambientales. ¿Cómo ha procesado el mundo del arte su llegada? —Primero, cualquiera puede usar ia, pero la ia siempre nos usa a todos. No importa si somos artistas o no. Segun- do, creo que va a ser imposible hacer arte sin ia en el futuro. Siempreestaráahí dealgunamanera. Tercero, si simplemen- te usas una especie de efecto deslumbrante para amplificar el hype corporativo que ya existe, entonces en realidad estás haciendopublicidad. Perohasta ciertopunto, también es po- sible pensar críticamente con el aprendizaje automático. Los artistas siempre encuentran una manera de darle sentido a las cosas. Pienso en el slop , por ejemplo, el contenido digital de baja calidad producido en masa a través de ia, que es una especie de nueva categoría estética. —El fenómeno del slop ha tenido varias consecuencias, entre ellas la devaluación de las imágenes. La ia es muy buena en ciertas cosas —fotografías de stock , representa- ciones fotorrealistas—, pero achata el rango de los estilos. Todo el mundo está harto de ese tipo de imágenes. Hace quince o veinte años, cuando aparecieron herramientas digitales como Photoshop, todo el mundo estaba asustado: “¡Oh, ¿cómo podemos confiar en una imagen?!”. Y ahora, por defecto, toda imagen se considera falsa, incluso si no lo es. Pero, por supuesto, no es el fin de la imagen, sino el fin de cierto tipo de estilo generado técnicamente. En Medios calientes analizas los problemas en torno a la ia, pero no planteas soluciones. ¿Estamos en un momento en el que es especialmente difícil encontrar alternativas al avance tecnocrático? —Vivimos un momento caracterizado por un marcado giro a la derecha en muchos países, un fuerte aumento de la desigualdad y una falta de alternativas políticas. La ia se- guramente traerá beneficios para lamedicina y otras áreas. La gente la está utilizando para todo tipo de cosas. Pero los problemas más importantes de la sociedad deben resol- 6
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