Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
palabra crítica 1. | Desde pequeño me fascinó la lla- mada “ficción de anticipación”. A mis 12 años, una mezcla de libros, cómics y películas forjó mi primera imagina- ción distópica. Libros como los de la colección de ciencia ficción del sello Minotauro, historietas como las es- pañolas Zona 84 y Cimoc ; la argentina Fierro o las locales Asteroide , Bandido o Trauko , y películas arrendadas en un videoclub, como El planeta de los si- mios (F.J. Schaffner, 1968), 2001: odisea en el espacio (Stanley Kubrick, 1968), El día después (Nicholas Meyer, 1983) o Blade Runner (Ridley Scott, 1982) avi- vaban mi imaginación y una suerte de inquietud por mundos posapoca- lípticos, viajes interestelares fallidos o distopías totalitarias. Me pregunto por el impacto que tuvo en toda una generación acercar- se a esos universos en el contexto de la posdictadura, a inicios de la década del noventa. Las distopías posciviliza- torias de las novelas gráficas Simón del río (Claude Auclair), cuyo personaje principal atravesaba un mundo aban- donado donde milicias desaforadas oprimían pequeños poblados; del có- mic Tagh (Grassi y Zanotto), donde el escenario primitivo en que se movían sus personajes era en realidad el futuro de un mundo postecnológico o la mí- tica escena de la Estatua de la Libertad enterrada en una playa abandonada al final de El planeta de los simios eran imágenes que llegaban como relám- pagos en medio de un tedio noventero con ambiente de resaca social. Me pregunto si las ficciones distópi- cas actuales llegan de esamisma forma o vienen a confirmar que el tedio es un nuevo absoluto. Me interrogo mucho si la imaginación que impregna las na- rrativas distópicas de hoy es la misma que animaba las que vi en mi adoles- cencia. Mientras las ficciones actuales reflejan el mundo de hoy en crisis, las ficciones que llegaban a nosotros en la década del noventa eran más bien narrativas de las décadas del sesenta y setenta que nos aparecían en las repeti- ciones televisivas, los videoclubes o las ventas de usados y saldos que se adqui- rían a bajo costo. 2. | En este presente de plataformas y series globalizadas, la distopía abun- da como un tópico recurrente que ha generado nuevos subgéneros ad infini- tum . Si George Romero a fines de los sesenta abordaba la figura del zombi como una alegoría del capitalismo de consumo o del miedo al otro, en las producciones actuales encarnan bien la amenaza permanente del “todos contra todos” y de un estado de gue- rra total (ahí están, por ejemplo, The Walking Dead o The Last of Us ). Algo parecido ocurre con ficciones más orientadas al público adolescente, como Maze Runner (2014) o Los juegos del hambre (2012), cuyos personajes representan la alegoría perfecta del individuo capitalista en un mercado de sobrevivencia. La exitosa serie de Netflix El juego del calamar (2021) lleva esta lógica al extremo y propone, a su vez, una alegoría sobre la crueldad y el sadismo en una época de morbo y au- toexplotación. Mientras algunas series como Tales from the Loop (2020) o Station Eleven (2021) apuestan por una temporali- dad más pausada y un punto de vista más afectivo para ahondar en futuros distópicos, la antología Black Mirror (2011-2025) dio en el clavo al mos- trarnos la extensión de una realidad tecnológica cuyo horizonte final es menos un futuro postecnológico que intratecnológico, al proyectar deter- minadas tendencias —y terrores— de nuestra relación y dependencia con las máquinas y algoritmos. 3. | Dentro de la producción televi- siva sobre el futuro, hay dos series recientes que me parece que, más que irrumpir como un relámpago en me- dio del tedio, lo extienden al infinito, y el terror proviene de una realidad iván pinto Crítico de cine e investigador. Académico de la UniversidadMayor. Sobre Years and Years (2019) y Devs (2020) La caja negra del futuro cine 60
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