Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

palabra crítica S i echamos un rápido vistazo a cómo las series y películas actuales imaginan el futuro, notamos que hay una tenden- cia que ha comenzado a multiplicarse en los últimos años y que ha generado adeptos, llegando a un público am- plio. Me refiero, claro, a las distopías. Black Mirror (2011), El cuento de la cria- da (2017), Years and Years (2019) o El juego del calamar (2021) son algunas de las series más populares dentro de este género; mientras que Niños uno que nos resulta perversamen- te familiar, cercano. Retomando la frase de Fisher, se trata de imagina- ciones de futuro que se construyen con lo peor de nuestro presente, con una pequeña o mediana radicaliza- ción de los elementos más tristes, injustos y oscuros. Gobiernos au- toritarios y caprichosos; humanos inútiles y obesos, dependientes de la tecnología; mujeres esclavizadas para la reproducción; dispositivos y aplicaciones que quiebran los límites éticos y humanitarios; empresarios que desconocen la ciencia académica y construyen pequeños paraísos fue- ra del mundo; territorios dominados por grupos paramilitares ultratec- nologizados; y escasez de recursos naturales vitales son algunos de los escenarios que estas obras traman, narran y sacan a la luz, y que, tris- temente, nos resultan bastante familiares. Decía que estos relatos gozan de cierta popularidad, lo que podría entenderse también —y además porque los ejemplos que revisamos responden más bien a un modo de producción mainstream — como una suerte de retroalimentación entre lo que el público proyecta del futuro y laura lattanzi Académica del Departamento de Teoría de las Artes de la Universidad de Chile. Doctora en Filosofía conmención en Estética y Teoría del Arte. Se ha especializado en teoría estética, teoría política y artes audiovisuales. Mato seco emchamas (2022), de Joana Pimenta y Adirley Queirós Distopías, ¡ardan! cine del hombr e (2006), Wall-E (2008), Los juegos del hambre (2012-2015) o No mires arriba (2021) son algunas de las películas que también han convoca- do grandes audiencias, provocando diversas opiniones de críticos, aca- démicos y opinólogos. Y si ponemos el ojo en nuestra propia región, po- demos nombrar películas como las mexicanas Cómprame un revólver (Ju- lio Hernández Cordón, 2018) y Nuevo orden (Michel Franco, 2020), y las brasileras Bacurau (Kleber Mendonça Filho y Juliano Dornelles, 2019) o Divi- no amor (Gabriel Mascaro, 2019). Si bien el género distópico no es nuevo y tiene sus variaciones y vín- culos con otros subgéneros (como el ciberpunk), lo curioso es que ahora los relatos de futuro se construyen desde la fuerza inmanente de un presente avasallante y pesimista. Mark Fisher ya advertía, en su cada vez más difundido libro Realismo capitalista (2009), sobre este tipo de obras: “El mundo que proyecta el film, más que una alternativa, parece una extrapolación o exacerbación de nuestro propio mundo”. Ya no esta- mos entonces frente a un futuro con autos voladores, ciudades aéreas o conversaciones telepáticas, sino ante 58

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