Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

palabra crítica S e supone que el arte contem- poráneo debe proveernos de imaginarios para un futuro vivible, que esa es su función poética y política. Pensar que algo mejor puede ocurrir el día de maña- na es quizá un salto de fe que pocos se sienten en condiciones de dar en el presente, ya que la situación parece indicar exactamente lo contrario: solo podemos imaginar cosasmalas o, en el mejor de los casos, esperar que nada empeore. Este salto podría llamarse también un escapismo optimista o algo así, puesto que nos permitiría salir por unmomento de la presión as- fixiante del ahora. Si bien no descarto la posibilidad imaginativa, me parece necesario tam- bién entender el arte como una clave que permite decodificar la confusa realidad que habitamos. No creo que tengamos tan claro cómo funciona nuestro mundo, donde las posiciones, agendas e intenciones parecen cada día más difusas y desordenadas con respecto al mapa tradicional de pode- res e ideologías. Los recientes cambios políticos nos han dejado sin muchas herramientas analíticas con las que comprender los movimientos subte- rráneos del capitalismo, que, como sabemos, está en constante mutación y adaptación. Frente a ello, me pare- ce que la capacidad desmitificante de las obras de arte se vuelve crucial. No su rol pedagógico y militante —que sirve poco para emancipar el juicio y la voluntad—, sino más bien su ha- bilidad para desmantelar estructuras simbólicas que sostienen la aparente coherencia y “normalidad” de las cosas. Distintos autores han planteado que nuestra época dejó de pensar en el futuro, que perdió su capacidad de imaginar algo distinto del presente. A esto, Franco Bifo Berardi lo llamó la “lenta cancelación del futuro” y Mark Fisher prolongó la idea sumándole nuevas características para luego ha- blar de un “realismo capitalista”, que operaría como una atmósfera inha- bilitante para el pensamiento. No podemos pensar otros modos de vida y quedamos anclados a un presente per- petuo, a un constante “aquí y ahora”, que en su intensidad no deja tiempo ni espacio para idear formas alternativas de existir. Si bien el capitalismo se ha transformado, parece siempre haber operado de este modo, fagocitando los espacios no regulados del ocio e, incluso, del descanso. Como se suele decir, “el tiempo es oro”, y en cuanto tal, debe ser gestionado comoun recur- so más. No perder el tiempo, entonces, se vuelve unamáxima ineludible: cada segundo cuenta. En 2013, el artista chileno Enrique Ramírez (Santiago, 1979) produjo la obra Océano 33°02’47” S / 51°04’00” N’ , una pieza audiovisual de 25 días, 4 horas y 330 minutos de duración. Esta increíble cifra se explica porque Ramírez grabó su viaje en un plano se- cuencia ininterrumpido desde el barco frigoríficoPacificBreeze, queviajabade Valparaíso hasta Dunkerque, en Fran- cia. La imagen central, que mira desde el puesto de mando hacia la proa, nos muestra la inmensidad del mar y su violencia, una imagen que evoca cierto romanticismo del que quisiera rehuir. Me interesa de este proyecto (que in- cluye una serie de otros materiales audiovisuales, escritos y diagramas) el modo en que visualiza las conexiones diego parra Crítico e historiador del arte con estudios en edición. Docente de Historia del Arte de la Universidad de Chile. Escribe enmedios especializados, en los que trabaja el vínculo entre arte y política. Océano 33°02’47” S / 51°04’00” N’ (2013), de Enrique Ramírez La vuelta al mundo en 25 días artes 56

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