Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

diagnósticas y terapéuticas. Hoy acelera el descubrimien- to de nuevos fármacos, acortando procesos que tardaban años. Es posible imaginar asistentes clínicos capaces de integrar historia médica, genética, evidencia científica y condiciones ambientales en segundos. No obstante, es fun- damental no idealizarla. Ya existen reportes de algoritmos que reproducen sesgos y tomanmalas decisiones cuando se alimentan de datos imprecisos o incompletos. La ia puede ser una herramienta extraordinaria, pero no reemplaza al juicio clínico, la responsabilidad profesional, la ética médi- ca ni lamirada humana y empática con el paciente. La pandemia de covid-19 dio un anticipo de lo rápido que pueden ser los avances. Pero también mostró algo muy inquietante: cuando lamedicina y la ciencia se politizan, to- dos perdemos. El futuro de la medicina dependerá tanto de la capacidad de innovar como de la capacidad de proteger la evidencia científica de la manipulación, la desinformación y el oportunismo. En paralelo, se perfila un escenario preocupante. La me- dicina que se avecina promete más herramientas y mejores resultados, pero también amenaza con hacerse cada vez menos accesible por su alto costo. Una medicina capaz de hacer más, pero disponible para menos personas no repre- senta un verdadero progreso. Otra amenaza es el negacionismo y el descrédito de he- rramientas fundamentales de salud pública. El movimiento antivacunas es su expresión más visible, pero no la única. También existe una romantización de lo “natural”, la vali- dación de prácticas riesgosas y la difusión irresponsable de falsedades sanitarias. Un ejemplo claro es la promoción del consumo de leche no pasteurizada, ignorando el riesgo real de infecciones graves como brucelosis, salmonellosis o tuberculosis. La salud pública se vuelve frágil cuando sus decisiones dejan de apoyarse en la evidencia sólida y pasan a depender de consignas ideológicas, intereses económicos y cálculos políticos de corto plazo. Como infectóloga, no puedo dejar de lado otra amenaza crítica: la resistencia a los antibióticos. Durante décadas, los antimicrobianos sostuvieron los cimientos de la medicina moderna: cirugías, trasplantes, quimioterapias, neonatolo- gíay cuidados intensivos. Pero suusoexcesivoe inadecuado en personas, animales y en el medioambiente ha llevado a la aparición de microorganismos multirresistentes. Si no se frena esta tendencia se corre el riesgo de perder herramien- tas terapéuticas básicas mientras aparecen innovaciones cada vez más sofisticadas. Los desafíos de la salud del futuro no dependerán ex- clusivamente de la biotecnología. Las enfermedades no transmisibles ocuparán una parte central de la carga global: cáncer, diabetes, enfermedades cardiovasculares y respira- torias crónicas. La contaminación seguirá enfermando. El cambio climático ya no es una amenaza abstracta, sino una presión concreta sobre la salud, con olas de calor, eventos extremos, expansión de vectores, inseguridad alimenta- ria y desplazamientos humanos masivos. En contextos de guerra o vulnerabilidad extrema, la medicina no significa innovaciónde frontera, sino acceso a agua potable, vacunas, antibióticos, atención materna, continuidad de tratamien- tos y protección contra las agresiones al personal sanitario y la infraestructura hospitalaria. Apesar de todo, hay razones paramirar el futuro de lame- dicina con esperanza. Pero ese futuro no se construirá solo. Dependerá de la capacidad para integrar los avances científi- cos y tecnológicos con principios de equidad, sentido ético y responsabilidad. La verdaderameta no es solo unamedicina más avanzada, sino también unamás justa y humana. Thom Leach/Science Photolibrary vía AFP 44

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