Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
palabra de estudiante E n la micro, una mujer hace malabares: con una mano revisa el celular y con la otra afirma el coche para que no se deslice con cada frenazo. A su lado, un hombre mayor cabecea, con el car- net del consultorio asomando de un bolsillo. No cruzan palabra. Pero puedo especular por qué: el día empezó tarde y el tiempo no alcanza. El futuro no aparece como fecha en el calendario. Se cuela en la rutina, en la lista de espera, en el turno partido en distintos trabajos, en la abuela que reemplaza la sala cuna, en la pareja que hace cuentas antes de imaginar un cuarto extra. Cuando se habla de baja natalidad, a veces suena a reproche moral o a alarma demográfica. Pero la pregunta clave es otra: ¿con qué con- diciones materiales se puede formar familia y sostener la vida? Chile enfrentauna señal dura: el país bordea los 20 millones de habitantes, mientras el promedio de hijos por mu- jer ha caído por debajo de uno, según las cifras más recientes. Envejecemos mientras nacen menos niños. Eso em- puja la demanda de cuidados, aprieta la salud pública y tensiona las pensio- nes. Y también se siente en el bolsillo: criar cuesta. Para muchas familias, el gasto mensual asociado a un hijo ron- da los seiscientosmil pesos. Enhogares trabajadores, el sueldo se estira entre arriendo, comida, transporte, cuentas y remedios. No sorprende, entonces, que la pregunta no sea si quieren , sino si pueden tener hijos. En ese desajuste se juega una des- igualdad silenciosa: la del tiempo. Cuando la crianza y el cuidado de personas mayores se arreglan puer- tas adentro, casi siempre terminan en manos de mujeres. Ellas recortan jornadas, dejan pasar ascensos, se refugian en empleos informales y sos- tienen una doble labor: traer ingresos y mantener la casa en pie. El costo se paga en carreras interrumpidas, salud deteriorada y proyectos postergados. Por eso importa tanto lo que hoy parece una tramitación más. Al cierre de esta columna, el proyecto de Sala Cuna Universal seguía entrampado en el Congreso y el cuidado infantil volvía a la zona de las promesas: “para des- pués”. En otras palabras: discutimos si el cuidado será un piso común, con financiamiento compartido, o una car- ga que se resuelve a pulso. En2036,Chilepodríaserunpaísdon- deelcuidadoseaelcentrodelapolíticao unodonde se pague con cansancio. Dos caminos se disputan hoy: tiempo e in- fraestructura. Jornadas más humanas, permisos reales y corresponsabilidad; salas cuna accesibles y un sistema de cuidados que no dependa de la suerte familiar, conuna saludpública capazde acompañar todo el ciclode vida. No se trata de fomentar nacimien- tos como si la vida fuera una meta de productividad. Se trata de decidir qué país queremos. Porque si el futuro se vuelve inviable para quienes trabajan, cuidan y crían, ¿qué pacto social es po- sible? La democracia también se mide en quién cuida y a costa de quién. el tiempo del cuidado katherine aravena Estudiante de quinto año de Sociología, Universidad de Chile. 45
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