Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
Una utopía | En el último foro de Davos, en enero pasa- do, uno de los temas centrales fue la inteligencia artificial, entendida como una fuerza capital que está transforman- do la economía. Ya no se discutía si cambiará el mundo o redefinirá el futuro —eso se da por hecho—, sino los tiempos, el control y su gobernanza. Como lo planteó un artículo de la revista Forbes : “La pregunta central que debe responderse no es cuándo llegará la ia general, sino qué decisiones deben dejarse en manos de los hu- manos y por qué”, se lee en la nota. No te voy a pedir que hagas futurología, pero ¿qué se puede esperar en diez años del desarrollo de la inteli- gencia artificial o computacional? —No me gusta mucho hacer previsiones, pero si uno quiere que la inteligencia artificial progrese, hay que pre- ocuparse de tener modelos verdaderos del mundo. Yann LeCun [unos de los científicos de avanzada en ia], que dejó Meta, ahora tiene una compañía que está trabajando en lo que se llama “modelos del mundo”, es decir, que el sistema entienda el mundo. ¿Qué quiere decir eso? —Por ejemplo, recientemente se le preguntaba a un chat- bot: “Si yo quiero lavar el auto y está a 100 metros del lugar donde lavan, ¿voy en auto o voy caminando?”. El sistema de- cía: “Bueno, por 100metros ve caminando. No tiene sentido que usted vaya en el auto por tan poca distancia”. Pero claro, el sistema no estaba entendiendo que si uno va sin el auto no lo puede lavar. No tiene la lógica de entender el mundo. Nosotros lo entendemos muy rápido. Es increíble que si tú ves un gato cuando niño, ya sabes que es un gato. Un sistema transforma una imagen de un gato en la palabra gato, pero no entiende qué es realmente un gato. O puede traducir, puede hacer una muy buena traducción, genera lenguaje, pero sin entender de verdad la semántica de las cosas. Y en relación con nuestra relación con esta novedad, ¿qué debemos hacer? —En la parte humana, yo creo que si no comenzamos a hacer cosas importantes, como regular esto de una manera muy, muy inteligente, podemos llegar a situaciones compli- cadas que no tienen que ver con la destrucción del mundo. Hoy tenemos problemas como la discriminación, la desin- formación o problemas de saludmental. ¿Y qué pasará con el trabajo? ¿No se supone que la ia nos va a reemplazar? —Tenemos que hacer algo con el mercado del traba- jo. Hay que hacer cosas para que esta tecnología tenga más sentido. Mi utopía sería que todas las personas de- sarrollen su potencial con un salario universal y que la ia haga todo lo que no nos gusta. Eso, por ejemplo, no tiene que ver con escribir, sino con las cosas aburridas o peligrosas, con lo que requiere un esfuerzo físico que va más allá de los seres humanos; es decir, todo lo que realmente no deberíamos estar haciendo. Y que los se- res humanos se dediquen a las cosas que son humanas. Por ejemplo, arte, literatura, música. Eso sería para mí el verdadero renacimiento de la especie humana: que toda la gente haga lo que le gustaría hacer. Hoy en día, lamentablemente, la mayor parte del mundo está traba- jando para subsistir y no es feliz, en el sentido de que no está haciendo lo que le gustaría hacer, no está desarro- llando su potencial. ¿Qué hacemos, entonces? —Lo que decía: regular. Por ejemplo, que no se pueda hacer ninguna aplicación que reemplace a una perso- na. Tenemos que trabajar con la ia de modo que sea un complemento nuestro y que seamos más productivos. Entonces sí, se extinguirán trabajos, pero no vamos a re- emplazar el trabajo por completo. Además, creo que en muchos casos no se puede, porque el ser humano toda- vía hace cosas que la aplicación artificial no puede hacer. Muchas cosas. No vas a tener ninguna aplicación artifi- cial que reemplace aspectos humanos. Hay que preguntarse, entonces, qué es lo humano —Sí, hay que preguntarse por el aspecto humano. Tal vez sea escribir. Yo creo que es una de las cosas más importantes de la humanidad, porque escribir significa comunicarle algo a otra persona sin tenerla presente. Uno deja de escribir, deja de pensar. Y dejar de pensar no es una evolución, sino una involución. Nos tarda- mos veinte años en darnos cuenta del daño de las redes sociales. Una de las ventajas actuales es que ya vemos, y en cinco años ya habremos visto, todos los problemas de la ia —suicidios, desinformación, pérdidas cogniti- vas—, entonces quizás podemos solucionarlos ahora, sin esperar veinte años. “Mi utopía sería que la ia haga todo lo que no nos gusta (…). Y que nosotros nos dediquemos a hacer las cosas que son humanas. Por ejemplo, arte, literatura, música”. 37
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