Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

porque aunque hoy representan el 19,8% de la fuerza laboral —y participan activamente en organizaciones comunitarias—, persiste una mirada edadista, según ex- plica Viviana García, experta en gerontología y directora ejecutiva de Gerópolis, Centro Interdisciplinario para el Desarrollo Integral de las Personas Mayores de la Univer- sidad de Valparaíso: “Se les percibe como fragilizadas, lo que se aleja de la realidad. Cerca del 80% de las perso- nas mayores están con una buena capacidad funcional, sin desconocer que tienen condiciones crónicas de salud, pero de todas maneras pueden hacer su vida”, afirma. El 69,7% de las personas mayores señala que seguiría trabajando más allá de la edad de jubilación, pero un 62% de quienes hoy lo hacen es por necesidad económica, indica el reporte “Fuerza laboral envejecida: entre la ex- tensión de la vida laboral y la informalidad persistente”, del Observatorio del Envejecimiento uc-Confuturo. Tras esa permanencia forzada está la insuficiencia de ahorros: según datos de la Corporación de Investigación, Estudio y Desarrollo de la Seguridad Social (Ciedess) de la Cáma- ra Chilena de la Construcción, a julio de 2025 el monto promedio de las nuevas pensiones autofinanciadas fue de apenas 4,31 uf (aprox. $170 mil pesos). Este es uno de los problemas estructurales que deben ser enfrentados con mayor anticipación. Un cambio profundo | Más allá del reto demográfico, la caída de los nacimientos también puede leerse como una oportunidad. Expertos como Guillaume Marois, del Instituto Internacional de Análisis de Sistemas Aplicados (iiasa) y de la Universidad de Shanghái, ven en la dismi- nución de nacimientos una posibilidad para concentrar mayores recursos en cada persona y potenciar así la pro- ductividad. “Las cohortes más pequeñas permiten una mayor inversión por hijo, especialmente en educación y capacitación, lo que puede generar trabajadores más pro- ductivos en la próxima generación”, plantea. Pero aprovechar estos beneficios depende de cómo respondan las sociedades. “El amplio acceso a una educa- ción de calidad y una altamovilidad social son esenciales. Sin estas condiciones, las ventajas pueden seguir con- centrándose en grupos ya privilegiados”, agrega Marois. El investigador, junto a Wolfgang Lutz —también de iia- sa, uno de los think tanks más prestigiosos del mundo—, publicó hace poco un análisis en el que sostiene que la visión de la baja fertilidad como una crisis está basada en supuestos obsoletos que no reflejan las realidades demo- gráficas actuales. Según los autores, hoy es evidente que, a mayor Índice de Desarrollo Humano, menor tiende a ser la fertilidad. Esto se observa incluso en países considerados modelos de conciliación entre vida laboral y familiar, como los nórdicos: tanto en Noruega como en Suecia —que tien- den a liderar los rankings de desarrollo humano—, la tasa de fertilidad se sitúa en torno a 1,4 hijos por mujer. Hasta ahora, la mayoría de las políticas implementadas por países con baja natalidad para revertirla han tenido resultados limitados. Las transferencias monetarias — como bonos y subsidios por hijo— en Hungría y Polonia lograron subir la tasa desde niveles ultrabajos, pero el au- mento no ha sido permanente. “Lo que hacen es adelantar el nacimiento de hijos que se iban a tener igual, pero más tarde”, dice Cecchini. En Francia y los países escandi- navos, las políticas que promueven la reducción de las desigualdades de género y el involucramiento masculino (como la entrega de subsidios, la ampliación de licencias parentales y el acceso a guarderías) han tenido efectos po- sitivos, pero sin alcanzar la tasa de reemplazo. Encuantoa laspolíticasparaafrontarel envejecimiento, “la experiencia internacional ofrece aprendizajes relevan- tes”, dice Jorquera. Japón, por ejemplo, ha desarrollado uno de los sistemas de cuidados de largo plazo más es- tructurados del mundo y algunos países europeos, como España, han impulsado políticas para enfrentar fenóme- nos emergentes como la soledad y el aislamiento social en edades avanzadas. La socióloga advierte, sin embargo, que las comparaciones internacionales deben hacerse con cautela. “Muchos de los países más envejecidos del mundo atravesaron este proceso en plazos mucho más largos que Chile. Más que replicar modelos específicos, lo importante es observar estas experiencias, identificar qué ha funcionado y qué dificultades han enfrentado, y adaptar esas lecciones a la realidad institucional, econó- mica y social de nuestro país”. “El 62% de los adultos mayores que hoy trabajan lo hacen por necesidad económica. Tras esa permanencia forzada está la insuficiencia de ahorros: a julio de 2025, el monto promedio de las nuevas pensiones autofinanciadas fue de apenas $170 mil pesos”. 30

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