Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
S egún las proyecciones del Instituto Nacional de Estadísticas (ine), en junio de 2035 vivirán 20.643.490 personas en el país. A partir del año siguiente, sin embargo, la población dejará de crecer y comenzará una reducción gradual que podría llevarla a un mínimo de 16.972.558 habitantes en 2070. Para entonces, el llamado “invierno demográfico” —tér- mino que inventó el filósofo belga Michel Schooyans en los años 60— llegará a su peak en Chile. El fenómeno, ca- racterizado por una fecundidad extremadamente baja y el envejecimiento progresivo de la sociedad —lo que, a la larga, interrumpe la continuidad entre generaciones—, afectó primero a Europa y Asia, y escaló aceleradamente en Chile, en parte como efecto de las mejoras en las con- diciones de vida. Hacia 2070, los mayores de 65 años representarán el 42,6%, mientras que los menores de 15 serán apenas el 7,2%. El país avanza a este punto mucho más rápido que el resto de Latinoamérica, pero se trata de una ten- dencia global: el envejecimiento de la población es una consecuencia inevitable del desarrollo. “La reducción de la mortalidad, el aumento de la esperanza de vida y la caída de la fecundidad son procesos asociados a mejoras sanita- rias, educativas y económicas, y también a cambios cultura- les significativos”, explica la socióloga Valentina Jorquera, coordinadora e investigadora principal del Observatorio del Envejecimiento uc-Confuturo. Según el informe World Population Prospects 2024, de Naciones Unidas, el de- crecimiento poblacional ya es una realidad en 63 países, desde grandes potencias demográficas como China, Japón o Rusia hasta países de Europa del Este, donde la caída es aún más acelerada. Para América Latina y el Ca- ribe se proyecta que la población comience a disminuir alrededor de 2054, y a nivel global a mediados de la déca- da de 2080. “En la mayoría de los países de nuestra región el descenso será una realidad en un futuromás lejano que en Chile”, advierte Simone Cecchini, director del Centro Latinoamericano y Caribeño de Demografía (Celade), la división de población de la cepal. Causas y consecuencias | Durante gran parte del siglo xx, Chile redujo fuertemente la mortalidad gracias a las mejoras en nutrición, el acceso a agua potable, la vacu- nación y el fortalecimiento del sistema de salud. Como resultado, la esperanza de vida aumentó de manera sos- tenida, pasando de alrededor de 74,6 años en 1992 a más de 80 años en la actualidad, según datos recientes de or- ganismos como el ine y cepal. En paralelo, la expansión de la educación superior y la creciente participación femenina en el mercado labo- ral modificaron los proyectos de vida y los tiempos de la maternidad. Cada vez más mujeres postergan el primer hijo hasta después de los 30 años. Según un informe de la Universidad Nacional de La Plata sobre la fecundi- dad en América Latina, el principal factor que explica la caída de la natalidad en Chile no es que menos mujeres sean madres, sino que quienes sí deciden serlo están te- niendo familias más pequeñas. En ello influyen tanto las aspiraciones personales de las parejas como los costos fi- nancieros y de tiempo asociados a la crianza. Hoy, la tasa de fecundidad global —según cifras de la onu— es de 2,3 hijos por mujer, pero en Chile ha des- cendido a niveles ultrabajos. En 2026 se proyecta llegar a 0,96, lejos de la llamada “tasa de reemplazo” (2,1), con- siderada necesaria para mantener una población estable en el tiempo. Ni siquiera una tasa de migración neta po- sitiva —es decir, que lleguen más personas de las que se van— bastaría para evitar que la población chilena co- mience a disminuir en las próximas décadas. El bajo nivel de nacimientos es tan pronunciado que la inmigración solo podría ralentizar el proceso, como ocurre en España, donde la llegada de extranje- ros ha ayudado a retrasarlo y a mantener la productividad. Las consecuencias de este fenómeno son múltiples. La disminución del número de personas en edad de trabajar y consumir podría impactar negativamente en el pib y en la disponibilidad de recursos para el fisco. Además, el au- mento de personas mayores de 60 años tiene una mayor carga económica para el siste- ma sanitario, de cuidado y de pensiones, aunque esto no necesariamente constituye una crisis, advierte Valentina Jorquera. El desafío está en adaptar las políticas públicas a la velocidad del envejecimiento chileno, “lo que exige anticipación y capacidad de respuesta tanto del Estado como de la sociedad”, indica. Cecchini subraya que es importante “no ponerse catas- trofistas y planificar para una economía y una sociedad con una estructura etaria bastante distinta a la actual”. El director de Celade recuerda que, en el pasado, el temor al excesivo crecimiento poblacional llevó a que algunos países impusieran políticas extremas —como la del hijo único en China, implementada de 1980 a 2016 y que ace- leró el envejecimiento de la población—, por lo que “es clave que, en Chile, se abra un debate informado y abierto sobre el envejecimiento y el descenso poblacional que se proyecta que comience en 2036”, explica. Los expertos coinciden en que es necesario avanzar tanto en reformas que impulsen un desarrollo productivo y sostenible como en la adaptación del diseño y construc- ción de espacios para envejecer. A ello se suma el desafío de eliminar los estereotipos sobre las personas mayores, “El bajo nivel de nacimientos en Chile es tan pronunciado, que la inmigración solo podría ralentizar el proceso, como ocurre en España, donde la llegada de extranjeros ha ayudado a retrasarlo y a mantener la productividad”. 29
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