Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
columna D urante mucho tiempo creímos que el futuro era una promesa. Promesa de progreso, de moder- nización, de orden. Y creímos también que las ciudades eran el escenario natural de esa prome- sa: el lugar donde la historia avanzaba y donde el porvenir adquiría forma visible en avenidas, viviendas, monumentos e infraestructuras. Pero quizás hoy conviene mirar la ciu- dad de otro modo. No como vitrina del progreso, sino como archivo. No solo como soporte material del presente, sino como depósito de los futuros que alguna vez fueron ima- ginados para ella y que, realizados a medias, frustrados o impuestos, permanecen inscritos en su forma urbana. “Toda ciudad contiene futuros pasados”. La frase —del historiador Reinhart Koselleck— no alude simplemente a predicciones fallidas. Nombra algo más preciso: la manera en que cada época construye sus horizontes de expectativa, la forma en que proyecta hacia adelante sus deseos, temores y programas. Koselleck señala que el futuro es también una categoría histórica —tiene espesor, cambia con las épocas y deja rastros—. Los futuros no cumplidos no desaparecen, se sedimentan en la historia como registro de lo que las co- lectividades desearon, temieron y se atrevieron a querer. Pero esa pregunta lleva otras adentro, que el historiador no formula: ¿horizontes de expectativa construidos desde dónde, por quiénes, sobre qué cuerpos y territorios? Hay fu- turos que una sociedad hereda sinhaberlos elegido. Futuros ajenos que organizan el espacio, distribuyen posibilidades y jerarquizan el tiempo de otros. La socióloga Silvia Rivera Cusicanqui ha señalado que en la cosmovisión aymara el tiempo no avanza en línea recta hacia un porvenir: el pasado está delante de los ojos —es lo que se puede ver porque ya ocurrió— y el futuro está de- trás, en lo que aún no se ve. Esa inversión no es un detalle antropológico, sino una epistemología. Cuestiona el supues- to de que planificar significa proyectarse hacia adelante desde un presente que mira al futuro como terreno abierto y disponible. El también sociólogo Aníbal Quijano, por su parte, mostró que la narrativa del progreso lineal no es solo una forma cultural de organizar el tiempo: es una tecnolo- gía de jerarquización global. Ordenó a las sociedades entre adelantadas y atrasadas, modernas y rezagadas, e impuso esa escala como si fuera universal. El Norte Global no solo exportó modelos de ciudad; exportó también un régimen legítimo de temporalidad. El futuro pasado de Koselleck deja de ser entonces un concepto neutro: nombra una expe- riencia histórica particular que se volvió universal borrando otrasmaneras de habitar el tiempo. Que ese régimen temporal sea una invención histórica y no una verdad natural lo confirma, desde la tradición euro- pea, Lucian Hölscher. El historiador alemán plantea que la idea del futuro como campo abierto, secular y disponible para la intervención humana fue construida gradualmente por la Ilustración y la industrialización. Antes, el porvenir era territorio de la providencia o la repetición cíclica. El futu- ro orientable tiene una fecha de nacimiento. No es la forma del tiempo; es una de sus formas posibles. Cuando ese régimen se materializa en una ciudad, cada forma urbana condensa una temporalidad: la medieval organizó el espacio bajo la eternidad del orden feudal; la barroca lo convirtió en escenografía del poder; la industrial hizo del progreso técnico un principio espacial al precio de producir hacinamiento y miseria. Por eso, planificar nunca ha sido una operación técnica. Es una política del tiempo. Cada plano decide qué pasado se conserva, qué presente se vuelve tolerable y qué futuro se considera deseable. Cada intervención espacial reparte posibilidades, jerarquiza cuer- pos y decide qué vidas parecen tener futuro. Si la planificación urbana es siempre una política del tiempo, entonces la pregunta del sociólogo húngaro Karl Lo urbano guarda las marcas de los futuros que distintas épocas imaginaron para ellas. Mirarlas como archivo permite interrogar esas promesas: quién definió el porvenir, qué temporalidades se impusieron y qué otras formas de habitar el tiempo fueron desplazadas. isabel serra benítez Urbanista. Doctoranda en Estudios Americanos en idea usach. Creadora del (U)² Lab—Utopía Laboratorio Urbano, plataforma de investigación y acción orientada a democratizar la construcción de futuros en ciudades latinoamericanas. los horizontes de una ciudad 20
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