Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

Esto es comprensible en un mun- do en que la población de los vivos ha empezado a crecer considerablemen- te respecto de la de los muertos, con un furor parecido al de los algoritmos respecto de nuestros recuerdos. Y esto hace que se torne aún más provisoria y difícil, a diferencia de lo que quería Benjamin, la redención de los peque- ños detalles de nuestros ancestros, quienes seguramente eran más re- levantes cuando en el mundo había menos cosas, el espacio abundaba y el vacío les imprimía a los pensa- mientos una inercia retrospectiva. En algún aspecto, este estado de proximi- dad con los muertos —cuyas pisadas, impalpables y vueltas a recorrer por algún espectro, aportaban un testimo- nio— ha sido suplantado, junto con la compañía que a las soledades del alma brindaban los antepasados, por un fu- turo que absorbe la totalidad de la vida en los imperativos de la actualización y la puesta al día, ofreciendo para la ocasión las más extrañas y sospecho- sas innovaciones. Cuando estas innovaciones aún no existían, por ejemplo en las épocas del campesinado, el futuro era un pasado del que cada generación heredaba la idea de que regresaría, por mucho que enel presente temieranel cumplimien- to de algúnmaleficio o algún presagio. Los muertos eran mucho más impor- tantes que los vivos, lo que explica que las rebeliones de quienes trabajaban la tierra tuvieran menos que ver con algún mañana que con la restitución de un ciclo milenario que garantizaba entre ellos la lucha igualitaria por la supervivencia. El futuro estaba rela- cionado con el resguardo del ciclo de cuyas fatigas dependían los alimentos, y por eso los campesinos no buscaban trascender en el más allá sino en el pasado, donde permanecían sus ense- ñanzas y sus principios no solo en un sentidomoral, sino tambiénenel deun mundo que vivía recomenzando. Esta actitud, asociada por las mi- norías letradas al embrutecimiento o la terquedad, no les impedía, sin em- bargo, comprender el paso del tiempo, y aunque para sus formas cíclicas de concebir la vida la sucesión de los he- chos era abstracta comparada con el modo en que coexistían, toleraban la dieta unidireccional que a los eventos les suministraba el progreso. Con- taban con esta imagen porque ellos mismos, o sus antepasados, eran tes- tigos de las conquistas que cada tanto Aelbert Jansz van der Schoor. Vanitas Still Life (c. 1660 – c. 1665). Crédito: Rijksmuseum. 17

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