Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile

columna —¿Cómo imaginas el futuro? —le pregunto a una joven de dieciocho años. —No como tú —me dice—. Todo eso que imaginaban como futuro, los autos voladores, ya está. No exactamente eso, pero todo lo tecnológico es el paisaje. Y no lo llamaría fu- turo. Sino un largo ahora. —¿No te angustia no poder pensar a largo plazo? —Todo va tan rápido que lo importante es poder atrapar algo. Todo es ahora. Para mí es natural pensar día a día. Qui- zás tu generación es la que tiene un problema con eso. Tiene razón. Y su razón no es ingenuidad ni resignación. Lo que dice es un diagnóstico espontáneo de algo que la fi- losofía viene nombrando desde hace décadas: la pérdida del futuro como horizonte organizador de la experiencia. La modernidad construyó una relación muy específica con el tiempo. El futuro era el lugar donde se depositaba el sentido: el progreso, la revolución, la salvación sin Dios. Y el presente era siempre provisional, un escalón hacia algo que vendría. Incluso cuando ese relato comenzó a agotarse en los años noventa, la estructura seguía enpie. Ya no eran las ideo- logías las que arrastraban, sino la promesa tecnológica. Otra ideología, en el fondo. El tiempo todavía se imaginaba como una línea. Cuando esa línea fallaba en la vida de alguien, no se hablaba de un cambio de época, sino de una crisis psico- lógica. Un ataque de pánico: el presente se vuelve total, sin antes ni después, y uno queda atrapado dentro de sí mismo. A estas alturas, tampoco la tecnología se presenta como esa línea que conduce hacia algún lugar. Se parece más a un despliegue continuo, una expansión que avanza a su propio ritmo. Nadie sabe del todo qué forma de vida producirá cada saltoni quién tomó realmente ladecisióndedarlo. Es como si hubiéramos terminado de aceptar algo que la filosofía poste- rior a la bomba atómica advertía: hemos creado una técnica a la que ya no sabemos responder. Ni siquiera comprender. El tiempo es un “ya es”. ¿Y el futuro? Algunos lo extrañan. Otros desconfían de la ética que lo sostenía. No sin razones. Durante mucho tiempo, el futuro funcionó comouna coartada. Permitía sacrificar vidas reales en nombre de abstracciones todavía inexistentes. Y sin em- bargo, la desaparición del horizonte no puso fin al sacrificio. Lo transformó. Ahora se sacrifica para el presente. Sin plan. La violencia, despojada de justificaciones, aparece más di- recta. Más desnuda. Hermann Broch entendió que algo se estaba rom- piendo y trató de contarlo en una novela. La escribió a comienzos de los años treinta y la llamó La trilogía de Los sonámbulos . No quería describir solo la caída de un sistema de valores. Le interesaba qué hacen las personas cuando ese sistema deja de sostenerlas. La historia de Pasenow, el primero de los sonámbulos, ocurre a fines del siglo xix. Vive como si todavía creyera en el mundo que heredó. Necesita el uniforme para sostenerse. Elige a la mujer respetable y no a la que desea. No por amor, sino para mantener un orden que siente desmoronarse. Los valores siguen ahí, pero huecos. Su sonambulismo: avanzar con seguridad sobre un suelo que ya no existe. Esch, el segundo, aparecea comienzosdel sigloxx. Percibe la injusticia, siente que hay un desorden en el mundo. Pero no logra nombrarlo, entonces lo personaliza. Ensaya solucio- nes torpes, busca culpables, necesita que alguien pague por lo que él no puede reparar. Tiene un moralismo sin brújula, una indignación sincera pero confusa. Su sonambulismo es dar golpes de ciego: lo que le importa es apaciguar un desor- den que siente cósmico. De ahí su tentaciónmesiánica. La tercera historia, la de Huguenau, ocurre al final de la Primera Guerra Mundial. Aprovecha el caos. No sufre crisis interiores.Miente,manipula,mata si hace falta.No siente cul- pa. No es el monstruo que destruye los valores compartidos. Es el hombrequehaaprendidoavivir perfectamente sinellos. Elmapa deBrochno termina en 1918. Sus personajes se su- perponen, conviven, semezclan hasta ahora. Están los Pasenow contemporáneos, que añoran un pasa- do que imaginanmás estable y buscan restaurar formas que ya no tienen sustento. Conviven con los Esch: indignados sin dirección, constructores de ecuaciones morales cada vez más complejas, capaces de disparar hacia afuera o contra sí Quizás el futuro sea,más que cualquier programa, una posición ética frente al tiempo. Que el día de hoy tenga pesopropio sin cerrarse sobre símismo. Eso implica sostener memoria y apertura: saber de dónde se viene yno saber del todo adónde se va. constanza michelson Psicoanalista y escritora. Es autora de los ensayos Nostalgia del desastre (2024), Hacer la noche (2022) y Hasta que valga la pena vivir (2020), entre otros libros. un presente total 14

RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=