Palabra Pública N°37 abril - mayo 2026 - Universidad de Chile
En esta disputa narrativa por el futuro, ¿qué im- portancia le asignas a la literatura? —En su capacidad de extrañar la experiencia, la li- teratura tiene una potencia política en esta época. El lenguaje está cooptado por la forma de procesamien- to de los modelos de lenguaje, pero no la imaginación. Vivimos una época en la que estamos completamente atravesados por lo tecnológico, y el discurso de lo tecno- lógico proviene de los mismos lugares donde se originan esas manufacturas. La tecnología ya viene con su episte- mología incluida y no hay espacio de socialización de la discusión por la técnica o el futuro de la técnica. La lite- ratura o, en concreto, la ciencia ficción, permite extrañar esos lenguajes al sacarlos de su contexto de aplicación y hacer que afloren verdades que, por sí mismos, no pueden decir. Un ejemplo es La metamorfosis (1915), de Kafka. El narrador se refiere a Gregorio Samsa con el tér- mino Das Ungeziefer , que en alemán significa peste y que venía de la química agroindustrial que se desarrollaba en ese momento en Alemania. Después, esos químicos se usaron en los campos de concentración para favore- cer la impersonalidad del genocidio. Los nazis usaban el mismo lenguaje que se usaba para matar hongos o ratas para llamar a las personas “pestes”, que a su vez es la mis- ma palabra que Kafka usaba para referirse a Samsa. Las corporaciones tecnológicas no pueden ni quieren decir las verdades que sus tecnologías portan para el futuro de la humanidad, pero la ciencia ficción sí permite decirlas. En Ciencia ficción capitalista exploras alternativas a las narrativas tecnológicas dominantes. ¿Qué valor tiene hoy imaginar lo radical? —Hay que confiar de nuevo en los delirios, porque el gran triunfo de la derecha fue su audacia para radicalizar la imaginación y eso es lo que falta en las propuestas de la izquierda, que con el tiempo se volvieron más mode- radas y realistas, como la realpolitik. Ha habido un gran fracaso de los discursos progresistas y una incapacidad de imaginar frente a la derecha, que alcanzó una radi- calidad en su imaginación que no tiene parangón, con una propuesta que vincula tecnología y espacio exterior. El cosmismo ruso, por ejemplo [un movimiento surgido en Rusia a fines del siglo xix que llevó la imaginación científica al extremo], tenía ideas que hoy están siendo imitadas por muchos multimillonarios, como la búsque- da de la inmortalidad. Este programa, que parece medio delirante, es el origen del programa espacial soviético, que fue el más importante del mundo hasta la década del 60. Hay un archivo histórico de distintas maneras de entender el espacio exterior y la radicalidad de la tec- nología que no se reducen a la especulación capitalista. Otro personaje es el médico y filósofo Aleksándr Bogdá- nov, que aspiraba a alcanzar la inmortalidadmediante las transfusiones de sangre y que también fue un excelente escritor de ciencia ficción. Hoy en día el multimillonario Bryan Johnson está tratando de hacer lo mismo, pero la diferencia es que Bogdánov quería, con las transfusio- nes de sangre, redistribuir la energía del pueblo ruso a las personas ancianas y enfermas. Lo pensaba como una forma de socialismo, no como Johnson hoy, que busca la supervivencia de los más ricos cuando el planeta sea eventualmente inhabitable. ¿Qué alternativas ves a la ciencia ficción capitalista? —Así como el proyecto capitalista de colonización de otros planetas es la continuación de la conquista de América por otros medios, quizás hay que buscar una propuesta en los pueblos que fueron colonizados, y desde ahí tomar ese archivo para pensar otras maneras de rela- cionarse con el medioambiente y otras especies. Retomo lo que plantea [el filósofo de la etnia krenak de Brasil] Ailton Krenak: el futuro ancestral es pensar un futuro en que la conexión con la Tierra no sea a través de la propie- dad, sino de la dependencia con otras especies, porque el mundo puede existir sin nosotros, pero nosotros no podemos existir sin él. Es una imaginación muy radical, también porque implica el fin de la propiedad privada. Creo que tenemos que aspirar a buscar propuestas radi- cales, porque la única manera de combatir la radicalidad del fascismo es con una radicalidad anticapitalista. 13
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