Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile
competitivoy conpotencial de volverse letal”. Ningúnavance tecnológico ni ninguna red digital elimina esa condición. Para países como Chile, y en general paraAmérica Latina y el Caribe, este retorno de lo tangible plantea un dilema mayor. La región, históricamente poco inclinada a la guerra interestatal, ha apostado por la diplomacia, la cooperación y el derecho internacional como instrumentos de proyec- ción. Esa opción no ha sido solo por principios, sino que ha respondido a la evidencia de que, sin grandes capacidades militares, los países latinoamericanos dependen de nor- mas y reglas que garanticen previsibilidad. El debilitamiento del orden internacional y la normaliza- ción del uso de la fuerza en otras latitudes golpea de lleno esa estrategia. La región observa con inquietud cómo se reabre paso a una lógica de poder realista, en la que la su- pervivenciadependemás de la fuerzaquede lanorma.Ante ello, insistir en la vigencia del derecho internacional, en la resolución pacífica de controversias y en la cooperación regional no es ingenuidad, sino una necesidad existencial. América Latina y el Caribe tienen aquí una doble tarea: por un lado, mantener vivas las instancias de concertación política que refuercen su voz colectiva en defensa de la paz; por otro, fortalecer sus vínculos con unmultilateralismo en crisis, aportando desde su propia experiencia de conviven- cia pacífica. La región, que ha evitado guerras interestatales en gran parte del último siglo—la última fue en 1995, entre Perú y Ecuador—, puede presentarse como ejemplo de que la seguridad no siempre depende de la fuerza bruta, sino también de la voluntad política de privilegiar la coopera- ción sobre el conflicto. La enseñanza de este momento histórico es clara: la violencia interestatal no ha desaparecido, solo había que- dado en pausa bajo un orden transitorio. En medio de un nuevo ciclo de guerras y desplazamientos, como el que hoy sacude a Gaza y a toda la región de Medio Oriente, América Latina y el Caribe pueden recordar al mundo que existen otros caminos. La región ha sabido sostener, durante casi un siglo, una convivencia pacífica entre Es- tados y una diplomacia activa para evitar la escalada de conflictos. Desde el papel de mediadores que han tenido países como México o Chile en crisis recientes, hasta la creación de instancias como la celac (Comunidad de Es- tados Latinoamericanos y Caribeños), una organización intergubernamental de 33 países de América Latina y el Caribe, o el Grupo de Contadora, iniciativa diplomática formada en 1983 por Colombia, México, Panamá y Vene- zuela para promover la paz en Centroamérica y poner fin a los conflictos armados en la región. América Latina ha demostrado que la paz también se construye con política exterior, con diálogo y con instituciones. Revalorizar ese legado es urgente en un momento en que la guerra y la deshumanización amenazan con volverse rutina. Soldados estadounidenses revisan una tablet durante el ejercicio Combined Resolve 19, en el sur de Alemania, dirigido por el Ejército de Estados Unidos en Europa y África en apoyo a las iniciativas de disuasión de la otan. Crédito: Christof Stache / afp. 21
Made with FlippingBook
RkJQdWJsaXNoZXIy Mzc3MTg=