Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

los espejismos de la guerra columna D urante las últimas décadas, se instaló la idea de que vivíamos en un mundo cada vez más intangible. La digitalización parecía disolver fronteras: la economía funcionaba a través de flujos financieros invisibles, la comunicación se desplazaba a las pantallas y hasta la memoria colectiva se almacenaba en nubes virtuales. El relato dominante sugería que las vie- jas disputas territoriales serían cosa del pasado y que, bajo la hegemonía de un orden liberal apoyado en instituciones globales, la violencia interestatal se volvería obsoleta. Hoy, sin embargo, las guerras han regresado al centro de la escena internacional. Lo que ha ocurrido en Ucrania, en el Cáucaso o en Medio Oriente nos recuerda que la políti- ca mundial sigue teniendo un anclaje irreductiblemente material: control de territorios, de recursos estratégicos, de corredores logísticos y de poblaciones. La pregunta que emerge es inevitable: ¿por qué en este momento histórico retornan los conflictos entre Estados? La respuesta más convincente remite a la estructura misma del sistema internacional. Durante el periodo unipolar que siguió a la Guerra Fría, la primacía esta- dounidense redujo los incentivos para choques directos entre grandes potencias. Las guerras existieron, pero fueron “peleas desiguales” contra adversarios menores, muchas veces no estatales. Con todo, la unipolaridad otorgaba un marco de relativa estabilidad: la supremacía de un actor hegemónico desincentivaba a otros Estados a desafiar abiertamente el statu quo . Ese escenario comenzó a cambiar en dos momentos interrelacionados: primero, a partir de 2008, con la crisis fi- nanciera que redujo y concentró los recursos económicos; y luego, desde la década de 2010, cuando algunos Estados, como China y Rusia, adquirieron capacidades económicas o militares suficientes para reposicionarse como grandes potencias. Como recuerda el profesor en Ciencias Políticas de la Universidad de Chicago John Mearsheimer en War and international politics (2025), “hoy vivimos en un mun- do multipolar en el que la competencia entre las grandes potencias se intensifica”. A ello se suma que el poder ya no se concentra únicamente en los Estados: corporaciones multinacionales, plataformas digitales, redes financieras y hasta el crimen organizado transnacional actúan hoy como actores capaces de incidir en la estabilidad internacional. El resultado es un escenario de dispersión del poder en el que ningún actor, por sí solo, cuenta con la capacidad de imponer un orden estable. Es en ese contexto de transición, marcado por la competencia y la fragmentación, donde re- surgen las guerras interestatales. En otras palabras, los Estados atacan porque pueden: porque la estructura actual del sistema reduce los costos de agresión y aumenta las oportunidades de obtener ventajas estratégicas. La selectividad en la aplicación de las normas internacionales —condenadas en unos casos e ignoradas en otros— normaliza este comportamiento, debilitando la ilusión de un orden universal basado en reglas estables. El auge de la globalización digital contribuyó a reforzar la creencia de que la política mundial se tornaba cada vez más etérea. El espacio físico parecía secundario frente a las promesas de un futuro dominado por algoritmos y merca- dos deslocalizados. Pero la realidad mostró sus límites. La disputa por semiconductores, la competencia tecnológica, el control de rutas marítimas o el acceso a recursos ener- géticos demuestran que lo material sigue siendo el núcleo de la seguridad y del poder. La digitalización multiplica las herramientas, pero no reemplaza la lógica territorial de la política internacional. La guerra, en este sentido, es el recor- datorio más brutal de que la historia no avanza solo hacia lo intangible.Otra frasedeMearsheimer resumeestaverdad in- cómoda: “Lapolítica internacional esundeportede contacto, Enuna época enque casi todo se traslada a lo virtual, los conflictos bélicos nos recuerdan que la política internacional se libra en lo material: en territorios, vidas humanas y recursos. ParaAmérica Latina y el Caribe, esa constataciónno significa resignarse al poder de los fuertes, sinodefender con convicción el valor estratégicode la paz. federico rojas Académico del Instituto de Estudios Internacionales de la Universidad de Chile. Doctor en Ciencia Política por la Pontificia Universidad Católica de Chile. 20

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