Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

corporativo que quiere convencernos de que la clave de la felicidad huma- na es un inmenso centro comercial universal”, escribe en Izquierda no es woke (2024). Es decir, el capitalis- mo no impone una “forma de vida” determinada, sino que estimula pro- cesos individuales de subjetivación y simbolización orientados por formas estéticas de consumo. El desarro- llo del capitalismo, en favor de un mercado cada vez más inclusivo, va suprimiendo las barreras de clase y generando una progresiva desvincu- lación de los individuos respecto a grupos tradicionales de pertenencia y referencia política. La tremenda dinámica del mercado financiero y de los circuitos digitales de informa- ción contribuye a la disolución de vínculos sociales (un efecto de esto es el fin de la clase media). En este proceso, la experiencia de la discriminación se trans- forma en algo cada vez más individual . El economista Thomas Piketty, experto en desigualdad económica, ha mostrado que el avance en igualdad es una realidad a nivel mundial, especial- mente en los últimos 150 años. ¿Cómo entender entonces la indignación que se expande hoy en el planeta? En enero de 2017, iniciándose el primer gobierno de Donald Trump, Fraser publicó un artículo acerca del fin del “neoliberalismo progresista”, donde interpreta el triunfo de Trump como la expresión de un sector im- portante de la población contra una “amalgama de truncados ideales de emancipación y formas letales de financiarización”. En el “neolibera- lismo progresista”, el desarrollo se caracteriza por una política de la inclu- sión en las áreas de salud, educación y vivienda con base en una economía de la deuda. La emancipación se in- terpreta entonces desde los valores de la meritocracia, la diversidad y el emprendimiento. Los principios de este progresismo son, entonces, el individualismo y la competencia. Esto constituye un poderoso antí- doto contra la voluntad de cambios estructurales que caracterizaron históricamente a la izquierda. La re- vuelta de 2019 en Chile no habría sido un levantamiento contra la heren- cia de la dictadura de Pinochet, sino contra la democracia representativa como institucionalidad del progre- sismo neoliberal. Debido a esto, fue imposible traducir la revuelta en una propuesta política. Lo cierto es que la inclusión fi- nanciarizada —como sucedió en Chile— contribuyó a democratizar una conciencia de los derechos en la ciudadanía, pero esto sucedía paralelamente al desarrollo del in- dividualismo, pues las referencias colectivas de comunidad y pertenen- cia se disolvían con la emergencia de una “cultura del consumo” y de la identidad. Este fenómeno no se ex- presaba solo enel derechopolítico a la igualdad, sino en un derecho cultural a la diferencia . Surgió entonces la idea de que una real transformación de la existencia mercantilizada —que es propia de una sociedad neoliberal— implicaba una dimensión cultural , con una fuerte conciencia de la dis- criminación que existe en el orden de la representación. En la perspec- tiva de seis años, podemos constatar esto en la revuelta que se inició en octubre de 2019. La dimensión perfor- mativa de los acontecimientos, donde se trataba de poner en cuestión las investiduras, el prestigio de las je- rarquías, el régimen simbólico de autoridades de todo tipo da cuenta de la carencia de soluciones, la falta de propuestas alternativas de desarro- llo, el agotamiento de la imaginación política capaz de dar forma y conte- nido a un modo otro de habitar, de coexistir . Paradójicamente, allí donde la sociedad se encuentra bloqueada (políticamente), la imaginación se li- bera por un momento del sujeto en el que las subjetividades se han domici- liado. Pero esta “libertad” es ambigua, porque su sentido eminentemente desacralizador la empuja más allá del pensamiento propositivo. Hace lugar para “soluciones” que aún no existen. La imaginación deja atrás el principio de realidad. La cuestión de fondo es de qué manera una revolución cultu- ral puede transformar realmente las condiciones económico-políticas del individualismo que la hizo posible. Mientras tanto, la demanda indivi- dualista de identidad (comunidad y pertenencia) es acogida por las dere- chas en el mundo. La conciencia de la desigualdad y la discriminación en una sociedad institucionalmente en crisis tien- de, naturalmente, a una radical politización de la democracia donde “todo es político”, lo que la conduce a una situación de colap- so. La indignación colectiva abraza lo imposible . Judith Butler se pregunta si aca- so el imperativo de una inclusión universal no signi- ficaría más bien la imposibilidad de la política. “La ‘inclusión’ de todas las posibilidades excluidas [las cursivas son mías] —señala Butler— llevaría a la psicosis, a una vida radicalmente invivible y a la destrucción de la po- lítica tal como la entendemos”. En efecto, todo orden de gobernabili- dad genera inevitablemente formas de exclusión y discriminación, por lo tanto, de desigualdad. Pero en la intemperie cultural de una existen- cia mercantilizada, las demandas de igualdad se levantan junto a las banderas de la identidad. He aquí la encrucijada de nuestras democracias en el presente. Este texto fue expuesto en el simposio Cultural Ways of Dealing with Conflicts , realizado en la Universidad de Bielefeld, Alemania, entre el 30 de septiembre y el 2 de octubre de 2025. “Lo que percibimos en las redes sociales, en las encuestas de opinión no es apatía y desgano, sino el presentimiento de que el orden de nuestra cotidianeidad no durará demasiado y que, además, parece imposible preparase para ‘lo que viene’”. 19

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