Palabra Pública N°36 noviembre - diciembre 2025 - Universidad de Chile

pensamiento. Es equívoca la idea de que el fundamento ideológico del ca- pitalismo consiste en una concepción “economicista” de lo humano; más bien no existe concepción alguna. Las prácticas y discursos contracultura- les de disidencia, justamente en su propósito de transgredir o subvertir una supuesta “cultura hegemónica” capitalista, corren el riesgo de con- vertirse en culturas de la disidencia o “disidencias culturales”. En esta pers- pectiva, entiendo la crítica que Nancy Fraser hace en Capitalismo caníbal (2024) a las prácticas de “resistencia” de movimientos como el feminis- mo, el antirracismo, el ecologismo o el lgbtq+, que, en lugar de desen- mascarar los poderes, “le han dado un barniz de carisma emancipatorio a la economía política depredadora del neoliberalismo”, pues operan en asociación con tecnología integrada, finanzas, medios de comunicación, entretenimiento. La crítica como “di- sidencia” resulta culturizada por el orden que la admite y la hace circu- lar. La contracultura de los años 50 se transformó en la cultura identitaria de disidencias mercantilizadas. Frente a las enormes aporías y paradojas de nuestro tiempo, surge la pregunta acerca de los procesos de subjetivación y simbolización que permiten habitar un mundo en descomposición. Las denominadas “políticas de la identidad”, en oposi- ción al sujeto universal de la historia, de la política, del conocimiento, co- rresponden a esta cuestión. Al respecto, el ensayista David Rieff sostiene en Deseo y destino (2025) que lo woke es una especie de superestruc- tura cultural del capitalismo , cuando el progresismo “pone el foco en las especificidades de la raza o el género mientras que es casi indiferente a las coincidencias de clase”. En 1966, Fou- cault señaló que la idea de lo humano como sujeto universal (esencial a lo que había sido una compren- sión lineal de la historia) se estaba desvaneciendo, como un rostro di- bujado sobre la arena, es decir, como un artificio. Pues bien, ¿no se trataba justamente de liberarse de un patrón trascendente de humanidad? Hoy, el cuestionamiento de lo universal como una quimera es algo inherente a la producción cultural en el neolibe- ralismo, donde se trataría de “abrir la imaginación” a un porvenir produci- do por la innovación tecnológica . El progresismo cultural es una forma de habitar el capitalismo. En este sentido, el progresismo puede operar como una desactivación del coeficiente revolucionario de la polí- tica cuando las demandas de libertad e igualdad se subordinan a la necesi- dad de reconocimiento en el orden de la representación. ¿Existe una “cultura capitalista”? ¿Es el capitalismo, des- pués de todo, una “forma de vida”? La filósofa estadounidense Susan Nei- man señala que el universalismo es atacado por la izquierda woke porque lo considera un falso universalismo propio de la cultura dominante. La paradoja es que esto “se produce a diario en nombre de un globalismo Supercomputador Fugaku, ubicada en el Centro Riken de Ciencia Computacional, ubicado en Kobe, Japón. Construida con apoyo del gobierno y utilizada en la lucha contra el coronavirus covid-19, es considerada la más rápida del mundo. Crédito: Jiji Press/afp. 18

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