En clave adolescente

EN CLAVE ADOLESCENTE ••• REFERENTES, PRÁCTICAS Y HÁBITOS DE CONSUMO AUDIOVISUAL SEGUNDA PARTE. Desafíos para la educación mediática de los adolescentes ••• 114 Las tecnologías y las prácticas comunicativas contribuirán al desarrollo integral de las personas si se incorporan en el marco de un proyecto educativo coherente, un proyecto del que queremos hacer hincapié en dos rasgos a los que se suele atender muy poco en la educación convencional y en la educación mediática: el aprovechamiento de las pantallas como espejo y la implicación de los educadores y educadoras en el desarrollo de los gustos de sus estudiantes. En el caso de los y las adolescentes chilenos, ejemplos de sus gustos son las preferencias por el ánime, los doramas y los productos de la nueva ola asiática, que generan fans. Los estudiantes reconocen la emoción que les producen estas producciones. Dicen que les divierten. Les atrae la calidad estética y la complejidad de los personajes que se presentan. Lejos de serles indiferentes, los docentes deberían revisar estas experiencias mediáticas y conseguir que los y las estudiantes fueran conscientes de los procesos internos que viven al consumir este tipo de productos, en principio tan alejados (en cuanto a lugar de producción), pero para muchos adolescentes tan cercanos (en cuanto a recepción). IV. las pantallas como espejos En el mundo académico está muy asumida, de manera consciente o inconsciente, la metáfora de las pantallas como ventanas, como oportunidad para acceder a la realidad, a toda clase de realidades. En cambio, apenas si se atiende una educación basada en la metáfora de las pantallas como espejos. Como consecuencia de este desfase, en el mejor de los casos el estudiante abandona el mundo académico conociéndolo todo, menos lo que para él es más importante: él mismo. Paradójicamente nuestro cuerpo es la única realidad perceptual a la que no tenemos acceso directo. Tenemos más oportunidades de objetivar a cualquier otra persona que a nosotros mismos (Eagleman, 2013). Para tomar conciencia de nuestra realidad física necesitamos espejos. Solo podemos acceder a nosotros mismos a través de reflejos, de imágenes. Ocurre algo parecido desde el punto de vista psíquico. Solo a través de espejos podemos acceder a nuestra realidad interna. Las pantallas son oportunidades para proyectar al exterior imágenes de nuestro interior, para hacer aflorar deseos ocultos, para desvelar contradicciones entre lo que pensamos y lo que sentimos, para ponernos a prueba. Miramos en función de lo que somos, y lo que miramos modifica lo que somos (Ferrés, 2014). Las pantallas son «un objeto evocador que provoca la renegociación de nuestras fronteras» (Turkle, 1997: 31). En este contexto no es extraño que Noam Chomsky escribiera: «Es bastante posible — abrumadoramente probable, podríamos añadir— que aprendamos más sobre la vida y la personalidad humanas en las novelas que en la psicología científica» (citado por Lehrer, 2010: 220).

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