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Te fortalezcan en el espíritu de la mentira,

Así te poseo ya incondicionalmente” (PdW, p. 84).

19

Mística (el tercero de los modos de actitud objetiva)

Respecto de la actitud mística destaquemos de entrada que ella aparece como

una de las actitudes objetivas, es decir como un tipo de actitud volcado hacia el

objeto, junto con todas las que hasta ahora hemos examinado. Veamos cómo es

esto. Que la actitud activa sea objetiva está suficientemente claro, ya que lo que

le importa al hombre activo es la realidad, las cosas, la naturaleza, el mundo, y

su posible modificación; recordemos cómo él experimenta todo aquello como

resistencia. Que la actitud contemplativa, que puede ser intuitiva, estética o ra-

cional, sea también objetiva se debe a que igualmente aquí, aunque al modo del

“dejar ser” al objeto, para contemplarlo, para intuirlo en sus aspectos esencia-

les, para pensarlo, o inspirando al acto de creación o recreación, en todos estos

casos es nuestro estar volcados hacia el objeto lo que suscita todo un proceso

característico de la actitud contemplativa y sus variaciones. Advirtamos respecto

de ello que podemos estar tentados a concebir lo contemplativo de un modo

subjetivo, como que en ello el sujeto se sumerge en sí mismo. La verdad es que

bien puede suceder esto en la meditación, mas lo que lo suscita es el dejar-ser

al objeto que sea el caso, que entonces nos invade, al dejarnos penetrar por él.

Pues bien, lo mismo sucede con la actitud mística, en cuanto a que el objeto es

aquí lo supuestamente divino. Y precisamente porque es así (y no podría ser de

otro modo) ya que únicamente al dejar ser a ese supremo objeto, recién enton-

ces puede tener lugar una transformación, probablemente incluso una conver-

sión en nosotros.

Como veremos más adelante, las actitudes subjetivas, vale decir, aquellas en las

que el sujeto está ante todo en relación consigo mismo, son las autorreflexivas,

como pueden ser las del gozador o del asceta. Ambos se caracterizan de distinta

manera no simplemente por el goce del objeto o de su abstención, sino porque

ese goce es autogoce; y en el caso del asceta que al gozarse de la abstención, ese

goce es también autogoce.

Quedémonos todavía un momento más en la antesala de la actitud mística, con-

trastándola con las otras actitudes que hemos analizado. Por de pronto, digamos

que el hombre busca una explicación no solamente del mundo, del universo,

sino también acerca del sentido de su estadía en el mundo, de su paso por la

vida. Mas, al hombre de la actitud activa esto no le interesa mayormente, o aca-

so se ha respondido aquello de una manera bien simple, diciéndose, en el mejor

19 A propósito de la traducción de estos versos, el traductor de la

Psicología de las

concepciones de mundo

, Ángel González Álvarez, comete aquí un error en la

traducción del primer verso: “Verachte nur Vernunft und Wissenschaft” (“Desprecia

sólo razón y ciencia”), Ángel González lo traduce como “Respeta solamente a la

razón y a la ciencia”.