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divisiones, sub-divisiones y sub-sub-divisiones.

El tercer punto de la técnica escolástica de pensar que Jaspers destaca es lo

que se refiere propiamente al modo de argumentar de Tomás de Aquino, en

que se trata de proponer una cuestión y hacerla pasar por posibles objeciones,

observando si acaso es capaz de resistirlas, para así alcanzar conclusiones que

sean válidas y estén debidamente legitimadas. Veamos como lo expresa Jaspers,

nuevamente sobre la base de la obra de Kuno Fischer:

“La aplicación del principio de no-contradicción de un lado, de las

distinciones, definiciones, divisiones de especies y géneros, de otro lado,

como instrumentos relevantes, de ello consta la técnica escolástica en

sentido propio. Se separa, define, en tanto se plantea una proposición

como pregunta y se fijan sus elementos. Luego se reúnen las posibles

respuestas. Las respuestas son completadas con fundamentos y contra-

fundamentos; contradicciones y fundamentaciones se despliegan a través

de encadenamientos de razones. Finalmente se hace un balance de todo

y se toma una decisión. Que esta decisión no es realmente el resultado

de la técnica, sino que estaba de antemano allí, es evidente” (PdW, p. 78).

Atendamos a como Jaspers toma distancia respecto de la técnica escolástica de

pensar, cuando dice que la decisión a la que se llega tras toda esa fundamen-

tación y contra-fundamentación corresponde en verdad a una decisión que ya

estaba de antemano allí, y ello naturalmente torna todo ese procedimiento es-

colástico en una cuestión a lo más didáctica. En otras palabras, esta técnica no

es más que un procedimiento que no permite descubrir algo, sino más que nada

poner en cierto orden lo que cabe pensar sobre algo.

Sabemos que para Jaspers es la fenomenología la que propiamente permite que

el fenómeno se muestre por sí mismo. Ello ya está ejerciendo alguna influencia

en el Jaspers de 1919. Y quizás sea esta razón la que le lleva a considerar que

la técnica experimental de pensar no tiene como centro el fenómeno, sino la

conexión con la teoría.

Estimo que ello refleja un lúcido planteamiento, por cuanto efectivamente lo

que sucede con la experimentación es que hay en ello una mirada dirigida al

fenómeno desde la teoría, desde redes conceptuales, y la fenomenología ha de

manifestar justo respecto de ello su contrapunto. Y agreguemos que un modo

de pensar como el experimental tiene lugar en la cotidianidad, aunque de un

modo evidentemente escaso de rigurosidad (en comparación con la ciencia

experimental). Ello nos hace tomar conciencia de cómo la cotidianidad en que

existimos está transida por ideas y creencias que constituyen una moneda de

cambio que contribuye a cierta economía de la que sirve el sentido común para

orientarse más sueltamente en el mundo.