Derechos humanos y relaciones internacionales - page 26

que la discusión a su respecto resulte insuficiente. Sobre los valores se
puede siempre argumentar con tan enorme l'atitud, que la 'reconstruc–
ción práctica de un orden de preferencias se puede hacer imposible.
Pero no sólo la confianza iusnaturalista en un orden intemporal
de valores accesibles con relativa facilidad :a la inteligencia ha sido
causa de la tendencia a mostrar confianza excesiva en las formulacio–
nes de los derechos fundamentales. El clásico oponente de todo lus.
naturalismo, el Positivismo Jurídico, nee ver en
el
reconocimiento
formal de los derechos fundamentales en textos constitucionales
el
único fundamento de su validez
y
vigencia.
, Unos porque confían en exceso en la universalidad de la razón na–
tural o en
el
valor de evidencia; otros, porque confían demasiado en
el valor de los procedimientos de creación del derecho positivo, ter.
minan reduciendo el problema de los derechos fundamentales a un
nivel estrictamente dogmático que no se muestra en absoluto suficiente.
Por eso se presenta la cuestión previa de replantear el asunto de
modo que pueda ser razonablemente discutido. Para ello, sin embargo,
parece necesaria la introducción de un modelo de análisis diferente
del tradicional. La teoría de las preferencias (vinculada a la de las de.
cisiones sociales) puede ser de utilidad en este intento.
Mirado el problema desde el punto de vista de las preferencias so.
ciales, esto es, de las valoraciones en vez de los valores, los derechos
fundamentales aparecen como instituciones. Instituciones con expecta.
tivas reales de comportamiento, temporal
y
territorialmente delimita.
das. Los valores adquieren desde esta perspectiva el carácter de valo–
raciones o preferencias socialmente institucionalizadas. Así, en vez de
poner atención en un orden supuestamente absoluto de valores, se
atiende a los sentidos de conveniencia que representa un determinado
orden social, político y jurídico.
, Pero no sólo eso. Además se atiende con ello a una diferencia en.
tre valoraciones
y
normas que es corrientemente ignorada por
el
posi–
tivismo normativista. Mientras las normas tienden a reproducir
el
es·
quema alternativo "cumplimiento-incumplimiento" las valoraciones no
aceptan tal reducción.
Las valoraciones son siempre expresión de una opción. Esto, que
abiertamente se admite para las preferencias de bienes materiales. ha
sido a menudo desconocido para los bienes inmateriales o valores. Y
el desconocimiento suele conducir a un·a de dos consecuencias desaso
trosas: o bien ql,le la ineludibilidad del preferir sea ocultada retórica–
mente por una especie misteriosa de razón total, o bien desemboca en
una explosión utópica de expectativas, cuyo desenlace ha sido gene.
ralmente la más funesta regresión.
El equívoco radica en la posibilidad que existe de designar los va–
lores en una lista que la intuición señala como evidente. Que la paz,
la lihertad, la satisfacción de necesidades, la seguridad, la confrater.
nidad son valores que merecen respeto, nadie sano se
atrev.~ría
a ne-
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