LA
CoMUNIDAD DEL PAciFICO EN PERSPECrIVA
I
F. Onego Vicuña
se ha encargado de contradecir tanto al gran florentino como a la
sabiduría popular. Vietnam -del Sur y del Norte- y Cambodia,
que son los países que más han sufrido, y continúan sufriendo,
con la sucesión de guerras en esa región, son precisamente los que
tenían o tienen acuerdos con los mntendores más poderosos. A
Vietnam del Sur no le ayudó mucho su alianza con los Estados
Unidos; ni a Cambodia su amistad con China; ni a Vietnam del
Norte -ya triunfante sobre los Estados Unidos- su entendimien–
to formal con la Unión Soviética. Claro está que hay quienes po–
drían objetar que en la ausencia de estas alianzas, las consecuen–
cias que estos conflictos hubieran tenido sobre estos países hubie–
ran sido incluso peores. Esto tiene tres respuestas: primero está la
posibilidad harto real de que haya sido precisamente la existencia
de las alianzas la que precipitó el conflicto; segundo, que especu–
lar sobre lo que hubiera ocurrido en la ausencia de las alianzas es
adentrarse en el territorio de la política-ficción, de las hipótesis
mntrarias a lo factual (¿qué hubiera ocurrido si Napoleón hubie–
ra triunfado en Waterloo?); y tercero, que se necesita una imagi–
nación particularmente tenebrosa para inventar males mayores
que los que aquellos pobres países ya han sufrido durante los úl–
timos años.
Pero si los pactos y entendimientos con potencias bien armadas
pueden ser peligrosos, también puede serlo la más sincera y crista–
lina neutralidad, yen, esto el estudioso político florentino sí que
tenía razón, pues estimaba que en caso de conflictos armados en–
tre vecinos, no había peor política que declararse neutral, y he
ahí el triste caso del Príncipe Sihanouk y su amable Cambodia
para probarlo una vez más. Es prudente recordar, de vez en cuan–
do, que el lujo excepcional de la sobrevivencia suiza es precisa–
mente eso; un lujo excepcional. El buen éxito de la neutralidad
y prosperidad de los suizos es un fenómeno polítim y financiero
absolutamente
sui generis.
Pretender imitarlo en el Pacífico asiá–
tico es arriesgar otra experiencia como la de Cambodia, cuya vir–
ginal neutralidad ha tenido como premio dos invasiones armadas
y
una sangrienta revolución y, desgraciadamente, no hay razones
convincentes que hagan suponet que este es el fin de las tragedias
que asolarán a ese país en esta década.