LA
CoMUNIDAD DEL PAclFIOO EN
PERSPECTIVA
I
F.
Orrega Vicuña
quier país del mundo y que bien pueden permutarse al azar sin
que nadie se dé por enterado. Despojadas de hojarasca retórica, estas
relaciones políticas entre América Latina y el Pacífico asiático son. en
el peor de los casos, ilusorias; en el mejor, desconcertántemente de–
siguales. Esto, porque son los países de la región Asia Pacífico (a la
que en este trabajo denomino Pacífico asiático), los que tienen
abrumadoramente la iniciativa, no sólo en los intercambios con
América Latina, sino en los asuntos políticos de la cuenca en ge–
neral.
Quizás con la sola excepción de la relación especial en mate–
rias económicas y financieras que tan convincentemente se ha for–
jado entre Brasil y Japón, la paternidad de las poquísimas otras ini–
ciatÍ\'us de importancia política dignas de mención que existen en–
tre América Latina
y
el Pacífico asiático, hay que buscarla al otro
lado del agua. E incluso en el caso del Japón y Brasil -y sin me–
nospreciar de ningún modo la imaginativa actuación brasileña, den·
tro y fuera de ltamaraty- podría argumentarse que la iniciativa
principal y
el
empuje dinámico necesarios para llevar adelante el
vasto programa de inversiones e intercambios han provenido prin–
cipalmente del Japón. Puede que esto sea porque la necesidad que
Japón tiene de los recursos naturales del Brasil ha sido más urgen–
te que aquella del Brasil por obtener acceso a las inversiones y tec–
nología japonesas, amén del limitado entusiasmo político doméstico
que tales proyectos puedan haber despertado dentro del Brasil. En
todo evento, quienes se interesan por hacer realidad la apertura de
América Latina hacia el Pacífico no pueden sino congratularse de
que las iniciativas pragmáticas del Japón hayan encontrado ecos po–
sitivos en Brasil.
3.
El desafío de
la
iniciativa trans-Paclfico
De más dara paternidad asiática es la mantención y afianzamien–
to de las relaciones entre Chile y China luego del derrocamiento
del régimen de la Unidad Popular. Este paradójico puente político
trans·Padfico desconcertó a muchos. Sin embargo, no es difícil per–
cibir que fueron las necesidades originadas en el enfrentamiento
chino-soviético las que explican la decisión pekinesa de mantener
abierta su Embajada en Santiago y adoptar una actitud cordial res-
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