Proposiciones para una teoría de la medicina

Las ciencias --esos inventos de los pensadores decimonóni– cos- reciben sus denominaciones de aquello que abordan. Geología, la ciencia de la tierra. Sociología, la ciencia de la sociedad. Biología, la ciencia de la vida. Y así interminable– mente. Es evidente que la estructura de las ciencias es un resultado histórico. Los temas de la biología de hoy ya no recuerdan a Lamarck. El alcance del término psicología se amplía o restrin– ge al tenor del proceso histórico de su invención. Nadie está seguro, en las zonas limítrofes, de no haber invadido los reduc– tos de otros científicos. Al trasladar esta forma de pensamiento a la medicina surgen insuperables dificultades. Por ser la fisiología del novecientos, su influencia formativa más importante hasta hace unas déca– das, querían algunos limitar la medicina a aquellos saberes y técnicas que refieren al cuerpo como mecanismo. Por tratarse de las deficiencias de este mecanismo, el objeto podría haber sido el conjunto de sus alteraciones. O la enfermedad, entendida como un espacio tridimensional y geométrico que se altera o corrompe. Considerada en esta forma, la historia reciente de la medici– na se dejaría reducir a tres puntos céntricos de interés o focos de reflexión: el espacio, susceptible de la mirada; el tiempo, con– quistado por la fisiología convirtiéndolo a espacio gráfico; y la persona, que entró a la medicina con la escucha, que recons– truye en el interlocutor la biografía vivida 3 . Esta última mutación es para nosotros importante, porque al inaugurarse la Edad de la Persona se redefinió la medicina como una ciencia del hombre y la aspiración antropológica, presente en todo arte médico, se hizo legítima. Todos los movimientos "psicosomáticos", "holísticos" o "biopsicosociales", son deudores de este cambio de óptica, bien que con medios y argumentos distintos. En la década del treinta 164

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