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anos
despus
del
succso nos
lo
asegur
asi
un
vecino
notablo.
En
efecto,
basta
cl
buen
sentido,
sin
necesidad
de
tales
antecedentes para
comprender
que
asi
seconducina
aun
su-
ponindole
un corazon
ferino;
porque
su
pcnetracion
no
podia
ocultarse,
cuanto
le
importaba
no
dar
ocasiona
sus
enemigos
para
queinfamasea
su
nombre
por
tan
incua
con-
ducta
con
una
poblacion
Cristiana.
V
sin
embargo,
no
fal
tar
quien
todavia
crea
que Carrera
fu
el
autor
de
tan
hor
renda maldad.
He
ah
los
cfectos
de la
calumnia, siempre
deja
impresiones;
y
Carrera,
f,
fue blanco muchas
veces
de
sus
infames
tiros.
Despus
de
un
mes
de
viaje Uegaron
las
tolderias
si
tuadas
en
un
pais
inculto
y
cl
mas
agreste.
All
permaneci
algun
tiempo
para
evitar la
pertinaz
y
encarnizada persecu
cion
de
sus
adversados,
los que
no
podia
hacer frente
con
sus
dbiles
fuerzas.
No
tardo
cn
adquirir
estraordinario
as-
cendiente
sobro los indios que
lo
miraban
como
un
ser
so
brenatural,
tal
era
el
encanto
de
su
palabra
y la
fascinaciou
que causaba
su
persona
imponente,
su
mirada
penetrante
y
sus
nobres
maneras.
Para
hacerse
entender
Io
suficiente,
aprendi
muy
pronto
el idioma
de
los
brbaros;
yesto,
unido
unaafabilidadcongenial
para
uniformarsecon lascostumbrcs
y
cl
lcnguaje
de las
personas
con
quienes
habia
tenido
que
tratar
y
negociar,
en
las
frecuentes
peripcias
de
su
vida
aven-
tureray
azarosa,
era
un
atractivo
poderoso
que
en mas
de
una
ocasion
salvo
a
Carrera de
riesgos
inminentes,
vencien-
do las
mayores
dificultades,
salvando
todos los
esclios.
Los
indios
no
eesaban
de
admirado,
y
no
le
daban
otro
nom
bre que
PichiRey,
Regecito.
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